«El humor tiene un rasgo más querible que admirable, entonces pareciera que es de segunda»

En el nuevo libro de Pedro Saborido, «Una historia de la vida en el capitalismo», el escritor no necesita un intermediario para hacer reír y pensar al lector. Porque el humor, como dice él, lo cuida de sí mismo, de no mirarse «como un tipo que habla en serio».

Fue uno de los creadores del programa de culto «Todo por dos pesos» junto a Capusotto, Alberti y Néstor Montalbano / Foto: Florencia Downes

«Una historia de la vida en el capitalismo», de Pedro Saborido, se suma a sus libros sobre fútbol, peronismo y conurbano, siempre cruzando historias cotidianas con humor como en sus guiones para Tato Bores y Diego Capusotto, el escritor en este libro no necesita un intermediario para hacer reír y pensar al lector, porque el humor, como dice él, lo cuida de sí mismo, de no mirarse «como un tipo que habla en serio».

El nuevo libro, publicado por Planeta, deja en claro desde el umbral que una persona no vive en el capitalismo, sino que el capitalismo vive en esa persona. Saborido, escritor, guionista y productor, nació en Gerli en 1964, recorre en este trabajo las experiencias actuales de la vida en sociedad y lo hace en un diálogo permanente donde el lector termina de delinear a los personajes proponiendo un «segundo acto que es una invitación a barrenar una ola psi-codélica y sentimental, lúcida y encantadora».

Saborido tiene un largo recorrido como guionista, en 1991 comenzó a escribir guiones de televisión para Tato Bores y en 1998, para el programa «Delicatessen», con Horacio Fontova, Damián Dreizik, Fabio Alberti y Diego Capusotto.

Fue uno de los creadores del programa de culto «Todo por dos pesos» junto a Capusotto, Alberti y Néstor Montalbano. En 2006, empezó con los guiones de «Peter Capusotto y sus videos», un programa con personajes como Pomelo, Micky Vainilla, Bombita Rodríguez, Violencia Rivas y Latino Solanas. En 2009, junto a Capusotto lanzaron en FM Rock & Pop el ciclo radial Lucy en el cielo con Capusottos, y publicaron su primer libro, editado por Sudamericana y titulado «Peter Capusotto, el libro».

-¿La clave de tu escritura es narrar sobre temas profundos y «serios» con humor e ironía?
-Yo uso el humor, pero porque me sale eso, por un lado y por otro, porque creo que me cuida de mí mismo. No quiero mirarme como un tipo que habla en serio. Ni yo mismo me lo terminaría de creer. Es algo que le sucede a muchos humoristas, quienes encuentran la manera de defenderse hablando en joda. Obviamente que uno supuestamente se desprestigia porque siempre cualquier cuestión que tenga que ver con el humor tiene como una categoría menos en el acuerdo cultural. Porque el humor tiene un rasgo más querible que admirable entonces hay algo como que es de segunda. Sucede lo mismo con un dibujante y el artista plástico o el rock y el jazz. Qué sé yo, pero es así como me sale.

-¿Cómo funciona el humor en la literatura? ¿Tenés algún referente al que siempre volvés?
-No sé me parece que es difícil hacer reír. A mí me resulta más difícil. Si estoy con Capusotto o estoy haciendo una charla tengo más elementos para hacer reír. Escribir con humor es más quirúrgico obviamente.

No sé si siempre vuelvo, pero releo los escritos de Alejandro Dolina porque es un gran escritor. Leo a Roberto Fontanarrosa, a Woody Allen. Muchas cosas de Leopoldo Marechal donde hay humor y, por supuesto, al mismo Borges.

-¿La política económica (sobre todo el capitalismo) es la clave para entender la desigualdad social?
-La política económica obviamente hace que las vidas sean desiguales, porque lo que nos enfrenta es a vivir según el lugar que podamos ocupar en ese territorio diseñado en una política económica. Cuánto te alcanza, cuánto no. Ya listo. Si tenés dos trabajos te alcanza para sobrevivir, pero vas a ver menos a tu familia y a tus amigos. Vas a hacer muchas veces menos cosas que las que quisieras hacer. Así que ya está definido: menos plata menos libertad. No hay manera de tener otras libertades. El dinero trae muchas obligaciones quizás, en la proporción a la libertad que trae.

-¿Te animás a pensar un hecho contrafáctico? ¿cómo sería la Argentina sin peronismo?
-El peronismo es uno de mis temas centrales porque me gusta, me divierte, me apasiona y siento que, más allá de un espacio político, es parte de la cultura argentina. ¿Cómo sería la Argentina sin el peronismo? No sería esta, seguro. No estaría en disputa como sigue estando (como siempre está). No sería algo mejor, seguro. Si querés ver que la Argentina está mal, con el peronismo estaría peor. Y si la querés ver como algo que puede estar bien, siempre va a ser por el peronismo, por lo menos en lo que atañe a un montón de gente que también se considera la Argentina.

-¿Hay algún escritor actual que lees con placer?
-Leo muchos escritores todo el tiempo. Ficción. También lo cruzo con libros de historia con ensayos. No soy muy metódico leyendo. Van apareciendo las lecturas. Puedo empezar a leer algo simplemente porque me lo regaló un amigo o me lo mandó un escritor o lo encontré buscando en la biblioteca mil pesos que había dejado guardado en un libro y ahí arranco.

-¿Cómo nacieron las reflexiones que complementan a tus relatos en el libro?
-La reflexión después de cada relato es precisamente para que no esté recargado el relato. Me gusta pensarla como si fuera una charla de pizzería con un familiar, con amigas, con amigos, con gente que admiro, que quiero. Entonces esas charlas están reflejadas ahí. A veces vienen después del relato otras, en realidad, anteceden el relato, pero la idea es que estén ahí. Quiero que esas reflexiones estén en un lugar aparte, son cosas que me gustan que aparezcan porque me parecen necesarias, pero creo que si aparecieran en el relato lo haría más denso.

-El diálogo es un fuerte en tu libro ¿es la forma que más te gusta por encima de otros narradores? ¿Preferís mostrar a los personajes como en el teatro o en la televisión?
-Este libro está más dialogado. Sí, en ese sentido es el libro más caputtosiano de todos. Hay algo muy de sketch. Apareció en la escritura una forma de poner en escena cada tema. Que aparezca el relato como la escena y en la escena aparece la vida y la vida no tiene tanto monólogo, sino que aparece en acción. El diálogo te permite la acción, algo que está sucediendo. Me gusta eso.

A veces, claro, lo que pasa es que en el diálogo se juega también lo que vos armes como personaje que está ahí que quizás para el lector no sea exactamente lo que yo pensé. Ahí hay un riesgo. Es lo mismo cuando hacés teatro o televisión. Como autor das un cuerpo, le ponés una voz, le colocás un vestuario, también pensás en una edad. En este libro está todo muy abierto. No me pongo a describir mucho los personajes. Te diría que les pongo una edad y una situación. Nada más. Y luego se describen a partir de lo que dicen.

En definitiva, el libro se apoya en el humor. En cierta medida el lector va a terminar viendo en el libro, si sabe que lo escribí yo, una prolongación de «Peter Capusotto y sus vídeos».

TELAM

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