El Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino: una fecha en riesgo de olvido

  • El conflicto prácticamente ha desaparecido tanto de la agenda mediática como (más preocupante aún) de la política
  • La violencia y la violación de los derechos humanos siguen siendo una realidad diaria en el Territorio Ocupado Palestino

Hoy hace 45 años que la ONU instauró el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, treinta años después de que esa misma ONU aprobara el Plan de Partición, por el que se decidía crear dos Estados en la Palestina histórica. Israel es una clara y compleja realidad desde hace 74 años. Mientras tanto, el pueblo palestino sigue a la espera de ver cumplido su sueño político, sin expectativas reales de que algo así pueda ocurrir a corto plazo. 

Por el camino han quedado más de setenta planes de paz, seis guerras y dos Intifadas, para llegar a un punto en el que hoy ni siquiera hay diálogo directo entre las partes. Pero, abrumados en parte por el impacto de la guerra en Ucrania, lo que sí ha ocurrido es que el conflicto prácticamente ha desaparecido tanto de la agenda mediática como (más preocupante aún) de la política. En el primer nivel eso causa la falsa impresión de que allí ya no ocurre nada, cuando en realidad la violencia (más de 150 muertos palestinos en lo que va de año) y la violación de los derechos humanos siguen siendo una realidad diaria en el Territorio Ocupado Palestino (TOP). En el segundo, la inacción internacional le permite a Israel aprovechar la ocasión para endurecer aún más su estrategia de hechos consumados- ampliación de asentamientos, usurpación y destrucción de tierras y viviendas, detenciones arbitrarias (más de 2.000 desde el pasado agosto)…- sin coste alguno. 

Asimismo, Israel está redoblando su pretensión de que se reelabore el concepto de refugiado palestino- dejándolo solo para las aproximadamente 400.000 personas que aún viven, de las más de 700.000 que sufrieron la Nakba, en lugar de los 5,8 millones que trata de asistir y proteger la UNRWA. Una UNRWA que se encuentra simultáneamente en la diana de los gobiernos israelíes que tratan de eliminarla, ante la más grave crisis presupuestaria de su historia, al albur de la voluntad de sus donantes, y obligada a tomar decisiones tan drásticas como reducir el número de personas a las que puede asistir o rebajar el paquete de ayuda que puede prestar a cada persona refugiada.  

Sin olvidar lo que ocurre en Líbano o en Siria– donde las personas refugiadas siguen sufriendo una clara marginación, agravada por unos conflictos internos que no cesan-, en el TOP es dónde se manifiesta con más fuerza la confluencia de una situación definida a grandes rasgos por el brutal deterioro de las condiciones de vida de la población palestina y el imparable descredito de la Autoridad Palestina, por un lado, con el afán israelí por rematar la tarea de dominar la totalidad de la Palestina histórica y el fundamentalismo supremacista de los colonos, por otro. Un cóctel explosivo al que se añade lo que está por venir con el nuevo gobierno encabezado, una vez más, por Benjamin Netanyahu. El corrimiento electoral hacia la extrema derecha del electorado israelí supone, en definitiva, el abandono de cualquier posibilidad de negociación que dé como resultado la creación de un Estado palestino viable y un énfasis aún mayor en la ampliación de los asentamientos y en el uso de la violencia contra quien no acepte la imposición de Tel Aviv. 

Y todo eso ocurre ante los ojos de una comunidad internacional que parece haber renunciado a hacer valer la defensa de los derechos humanos y del derecho internacional, entregados o bien al apoyo incondicional a Israel (Estados Unidos), a la impotencia de su propia debilidad como actor internacional (Unión Europea) o incluso al entreguismo con el ocupante buscando réditos a corto plazo (países árabes). De ahí que el papel de la sociedad civil organizada, como último recurso, adquiera un mayor sentido y valor, tanto para denunciar lo que ocurre sobre el terreno y para paliar en la medida de sus posibilidades las penurias sufridas por la población ocupada, como para presionar políticamente a quienes, si quieren, podrán reconducir la situación hacia lo que exige la ética humana más elemental y las normas más básicas del derecho. Y eso tampoco olvidarlo.

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