La causa de las ultraderechas

» Se podría definir a la nueva ultraderecha como la decisión internacional de dar esa nueva batalla en todos los frentes y adaptando a la misma, a las particularidades constantes de cada país «

Foto: AFP

Se habla, y está muy presente en los análisis actuales, de factores multicausales en el origen de las ultraderechas.

En este caso, solo señalaré dos que me parecen tener un rol relevante.

En primer lugar, una transformación estructural del Capitalismo en sus condiciones materiales. El capitalismo en su forma neoliberal, ya no puede, por su propio funcionamiento, disponer de su superestructura clásica. En su modo inédito de apropiación del Estado y de la Democracia, ha erosionado todo el tejido institucional del denominado capitalismo industrial o fordista. El nuevo paradigma de crecimiento concentrado y extensión cada vez más amplia de la desigualdad exige que las derechas hayan emprendido desde hace años una batalla integral en el campo político, cultural y simbólico hasta poder obtener en distintos segmentos de la población una «vida de derechas» incluyendo una «izquierda de la derecha».

En cierta forma, se podría definir a la nueva ultraderecha como la decisión internacional de dar esa nueva batalla en todos los frentes y adaptando a la misma, a las particularidades constantes de cada país. Al ser una nueva batalla, los actores involucrados que proceden de un mundo anterior deben redefinir sus identidades clásicas: viejos políticos se incluyen en el espectro ultraderechista. Esta batalla comprende básicamente combatir a la conjunción del populismo y el feminismo en su propósito de generar una experiencia contrahegemónica al neoliberalismo. El populismo y el feminismo son los dos vectores históricos emergentes de las luchas populares en su intento de recuperar la democracia de la apropiación neoliberal, que siempre intentará destruir la experiencia colectiva en la toma de decisiones.

En segundo lugar la denominada producción de subjetividades que tiene una especificidad a destacar; el programa de destrucción de los vínculos sociales y sus archivos de memoria histórica provoca que existan miles de vidas incapaces de reconocer un legado histórico. Viviendo en un presente deshilachado oscilan entre una culpabilidad autodestructiva, por no haber encontrado el lugar que permita sostener sus vidas, y un odio sin sublimación posible, hacia aquello que el lawfare, el aparato mediático y corporativo concentrado, identifica como el lugar del «robo del goce» que les falta.

El ideal cumplido del discurso capitalista es precisamente éste: el robo realizado por las estructuras de explotación y opresión es orientado hacia los proyectos políticos transformadores.

Si el populismo lucha contra la explotación, y los feminismos contra la opresión, el neoliberalismo es el intento más logrado que intenta desterrar estas praxis, para que todo se vuelva una práctica repetitiva en la reproducción del sistema.

Por esta razón es siempre urgente que las praxis que se definen por frenar y transformar el mundo que las ultraderechas pretenden someter se deben imponer a si mismas un nuevo ejercicio de pensamiento capaz no solo de interrogar al aparato de dominación sino al sujeto que en cada uno existe, y está intentando realizar la experiencia colectiva de este presente.

Por Jorge Alemán

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