Nota de opinion: Si Joe Lewis viviera en Tierra del Fuego

La Ley Provincial Nº 244, sancionada por la Legislatura de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, el 17 de Agosto de 1995, denominada Ley de pesca, estableció los «Cotos de pesca» privados, en sus artículos 25 y 26, que dicen lo siguiente:

«CAPITULO VIII
COTOS DE PESCA

Artículo 25.- La Autoridad de Aplicación, en coordinación con la Secretaría de Planeamiento, Ciencia y Tecnología, con el objeto de promover la protección y uso racional del recurso, podrá adoptar medidas tendientes a:
a) El establecimiento de santuarios y/o reservas;
b) el establecimiento de cotos de pesca oficiales y privados los que podrán tener fines de lucro;
c) la determinación de modalidades de captura de un solo ejemplar por vez o de captura y devolución en función de las áreas que ésta determine.
Los cotos privados que se definieran en virtud de la presente Ley, en ningún caso podrán afectar más del cincuenta por ciento (50%) del frente de contacto entre la propiedad y el curso o espejo de agua, objeto de la actividad.

Artículo 26.- El acceso, por cualquier medio, a los cotos de pesca, sean públicos o privados, se realizará exclusivamente a través de las entradas habilitadas por los responsables de la administración de los mismos. Esto otorgará el derecho de practicar la pesca deportiva únicamente dentro de dicho coto, quedando prohibido trasponer los límites del mismo hacia otros cotos privados o públicos.»

Es decir que, a partir de la sanción de la ley, el acceso a los cotos de pesca privados ya no son de acceso público y libre, sino que sólo tienen acceso aquellos que puedan pagar y que sean admitidos por el administrador.

A partir de la sanción de esta ley de creación de cotos privados de pesca, única en el país, los dueños de las estancias en donde había espejos de agua permitidos para la pesca, comenzaron a aplicar el derecho de admisión y es así como llegaban, y llegan, pescadores de diversos lugares del mundo, pagando importantes sumas de dinero, en dólares, para disfrutar de la pesca deportiva. Y también se permitió la privatización y el pago en diversos lugares, en donde, hasta ese momento, muchas familias disfrutaban los fines de semana en lugares que eran de acceso público y gratuito. Esos lugares se perdieron. Aparecieron las tranqueras.

Si Joe Lewis viviera en Tierra del Fuego, no tendría los «problemas» que tiene en Río Negro con el acceso al Lago Escondido, sino que aquí estaría plenamente protegido por las leyes de nuestra provincia, evitando de esa manera molestos conflictos judiciales, y con grupos de personas que todos los años se empeñan en ingresar al lago, y que sistemáticamente son impedidos por «colaboradores» del inglés. A veces, el uso de la ironía nos permite visualizar más claramente los problemas.

Joe Lewis estaría protegido por el Estado fueguino, a través de sus leyes.

Esa es la gravedad de los artículos 25 y 26 de la Ley de Pesca.

Es importante observar, también, que desde la sanción de esta ley, año 1995, pasaron todos los gobiernos en nuestra provincia, Estabillo, Manfredotti, Colazo, Cóccaro, Ríos, Bertone y Melella, y ninguno tuvo, ni siquiera, la intención de derogar estos artículos de esta normativa. Es como que todos están de acuerdo en no molestar a los terratenientes fueguinos, y los «Cotos de pesca» privados se han transformado en una política de estado avalada por todas las fuerzas políticas. Joe Lewis, agradecido!!!

¿No habrá que comenzar a pensar en la derogación de esa normativa?

¿No habrá que comenzar a pensar en que los fueguinos tienen el derecho a disfrutar de sus espejos de agua, y de lugares de esparcimiento, sin que nadie se los impida?

Agustín Borthiry

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