Los BRICS rompen el aislamiento de Occidente a Putin

 La agenda de la reunión anual de los BRICS contempla los retos que supone para las economías emergentes el delicado contexto global de guerras, pandemias e inflaciones galopantes, pero es improbable que salga de eso más que declaraciones tan ampulosas como vacuas. Más interés suscita la foto de Vladimir Putin compartiendo pantalla con sus colegas de Brasil, India, China y Sudáfrica para desmentir su condición de paria.

Ninguno de esos países ha secundado las sanciones económicas a Rusia y sólo uno firmó la declaración de condena de la ONU por la invasión de Ucrania. Fue Brasil y rápidamente aclaró que su postura en el conflicto era de escrupulosa neutralidad. No le costará a Putin acreditar frente a su audiencia interna la distancia que media entre ese aislamiento que repite Occidente, con apenas un 17 % de la población del mundo, del global. Ya en el video enviado en la víspera avanzó que la cumbre acelerará la renovación de su cartera de clientes. El tradicional comercio con Europa, afirmó, se dirigirá a partir hacia los “socios internacionales más fiables” de los BRICS. No es un mercado desdeñable: aglutina el 40 % de la población y el 25 % del PIB globales.

Liderazgo chino

También servirá la cumbre para que China muestre su liderazgo global en la semana previa de las reuniones del G-7 y la OTAN. En ambas da por descontados Pekín los discursos hostiles. Xi Jinping, presidente chino y anfitrión de la cumbre virtual, abundó en su sintonía con Rusia contra el expansionismo estadounidense. “La crisis de Ucrania es otro aviso para el mundo. Nos recuerda que la fe ciega en la llamada posición de fuerza y los intentos por expandir las alianzas militares y perseguir la seguridad propia a costa de las ajenas sólo provocan conflictos”. Integra ya la casuística que las ácidas críticas a la política de bloques y el acoso militar estadounidense rubriquen cualquier reunión de Xi y Putin pero es improbable que India, epítome del pragmatismo diplomático, vaya a permitirlo esta vez.

India participa en la Organización de Cooperación de Shanghái, organización de carácter militar apadrinada por Pekín, y en el QUAD, un grupo supranacional de seguridad bajo la órbita de Washington y que China califica de OTAN asiática. La mayor colaboración de las startups en el seno de los BRICS que pidió en la víspera su primer ministro, Narendra Modi, ya anticipaba su escaso entusiasmo por mancharse en fregados ajenos. Su homólogo sudafricano, Cyril Ramaphosa, aludió a la pobreza y a la falta de acceso a las vacunas, mientras el brasileño, Jair Bolsonaro, enfatizaba la integración económica.

La disonancia de los discursos previos sientan la problemática del grupo. Nació en 2009 de un lamento comprensible: las economías emergentes estaban infrarrepresentadas en la arquitectura financiera global que levantó Occidente tras la Segunda Guerra Mundial. Pretendían un nuevo orden más comprensivo con el mundo en desarrollo y, a juzgar por aquellas expectativas, el fracaso es palmario. Influye el tesón de Washington y Bruselas por agarrarse a sus privilegios y la falta de sintonía de sus miembros, con sistemas políticos diferentes, pretensiones geoestratégicas opuestas y rencillas históricas. India y China, las mayores potencias demográficas del mundo, han sido incapaces de resolver durante décadas sus viejas pugnas fronterizas. Su larvada desconfianza lastra los avances de una saludable alternativa al orden actual de ricas y egoístas naciones. China pretende ampliar el número de países de los BRICS para darle más peso pero India se opone por miedo a que los nuevos miembros estén más próximos a Pekín.

Fuente: El Periódico de Catalunya

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