Se cumplen 26 años del fallecimiento de Tato Bores

Mauricio Borensztein, más conocido como Tato Bores fue un actor, humorista y monologuista argentino, que si bien tuvo su carrera en el mundo del cine y la televisión, se destacó siendo un pionero en el humor político con su personaje Pepe Arias. 

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Participó en 19 películas y una infinidad de ciclos de televisión y obras teatrales y en 1992 fue declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. 

Nacido el 27 de abril de 1927, Borensztein fue criado en el seno de una familia judía de bajos recursos, y a pesar de su gran inteligencia, no terminó los estudios secundarios por falta de interés. Y, con 15 años, se acercó al mundo de la música como plomo, llevando instrumentos y atriles en las orquestas de Luis Rolero y René Cóspito que lo indujeron a estudiar un tiempo clarinete.

En una despedida de soltero se subió al escenario a contar chistes y descubrió esta nueva faceta, que le abrió la puerta al mundo del espectáculo. 

En 1957 realizó un ciclo que se llamaba Caras y morisquetas, en el viejo canal 7. Y, aunque el programa fue cambiando de nombre y de emisora hasta su despedida, que con Good Show por Telefe, siempre mantuvo intacta su esencia.

«A ver si entendí bien: ¿ustedes con los impuestos a las tarifas, los tarifazos, guadañan toda la ‘mosca’, la gente se queda sin guita, no compran dólares y así el dólar baja? ¡Sí la gente está más seca que galleta de campo, no sólo no pueden comprar dólares, sino que no pueden comprar morfi, no pueden comprar remedios, no pueden comprar pilchas!», decía también en 1991.

En 1993, con 66 años, el actor realizó su último ciclo televisivo: Good Show,  que comenzaba con una réplica de la tapa del disco La Banda del sargento Pepper, de The Beatles, realizada con figuras locales. 

En 1994 fue operado de una hernia de disco, en la clínica Mater Dei, donde se le informó que no podría volver a trabajar.

Un cáncer óseo lo alejó del trabajo y el 11 de enero de 1996 falleció en su departamento de Palermo acompañado por su familia. Dejó un legado y una marca personal a la hora de contar la realidad junto con los patines, los fideos con tuco, el frac y el teléfono que fueron objetos que le dieron identidad y la velocidad de sus monólogos que tranquilamente pueden replicarse sin cambiarle una coma a la actualidad. 

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