La Copa América en pandemia, un negocio para pocos

 La Conmebol, Argentina y Colombia se resisten a suspender el evento futbolero que llega en medio de la segunda ola de la pandemia. ¿Qué razones políticas y económicas hay detrás de este empecinamiento?

Esta semana se expuso sobremanera que el fútbol -aunque casi siempre busque demostrar lo contrario- está lejos de ser una burbuja respecto a lo que ocurre en el resto de la sociedad. Los 25 casos de coronavirus en River dejaron al club millonario casi sin jugadores de cara a sus próximos partidos del fútbol profesional masculino y algo similar ocurre en San Lorenzo, donde se confirmaron hasta ahora cinco integrantes del plantel con Covid-19. Mientras la pandemia muestra su rostro más agresivo en medio de la segunda ola (con niveles récord de contagio en todo el país) la presencia del virus en el fútbol también resulta cada vez más frecuente. 

En ese marco se avecina una nueva edición de la Copa América, que estaba prevista para 2020 pero se postergó un año producto del la pandemia. El evento organizado por la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL) tiene como sedes en esta oportunidad a la Argentina y Colombia, y está llamado a realizarse entre el próximo 13 de junio y el 10 de julio. A pesar de que la situación es cada vez más insostenible desde el punto de vista social y sanitario, diferentes actores políticos y empresariales con incidencia en el mundo de la pelota hacen oídos sordos como si nada ocurriera y hay escasos indicios de que el torneo vaya a suspenderse. ¿Qué razones hay detrás de este empecinamiento en hacer sí o sí la Copa América?

La llamativa posición de Argentina

El ministro de Turismo y Deportes de la Nación, Matías Lammens, se viene reuniendo desde finales de 2019 con el presidente de la AFA Claudio «Chiqui» Tapia bajo la premisa de delinear los detalles de la competición continental. Allí se decidió que nuestro país pusiera a disposición cuatro estadios ubicados en diferentes zonas geográficas del país (Ciudad de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Santiago del Estero) para fomentar el turismo. Lógicamente, esta idea quedó completamente enterrada con la segunda ola de la pandemia y, el mes pasado, Lammens tuvo que dignarse a reconocer que no habrá público en ninguno de los estadios donde se jugará la Copa América.

Lo que más llamó la atención, no obstante, fueron las últimas declaraciones del presidente Alberto Fernández, quien -frente a las dificultades de Colombia para realizar el evento producto de la crisis económica y la represión con múltiples violaciones a los derechos humanos- salió a decir que «nosotros podemos analizar organizar toda la Copa América en la Argentina, en la medida en que todos cumplan estrictamente las condiciones de controles y protocolos». Esto suena más a una declaración de deseo que a una realidad, puesto que este tipo de acontecimientos generan indefectiblemente aglomeraciones y encuentros sociales tanto dentro como fuera de las casas.

Asimismo, a la Argentina no le representa una ganancia en términos económicos la realización de la Copa América. Se estima un gasto de 7 millones de dólares en los rubros «organización» y «logística» y, según informó un reciente artículo del diario Perfil, el gobierno anterior avaló un acuerdo por el cual todo lo producido en la disputa del evento saldrá de nuestras fronteras sin pagar un solo centavo de impuestos.

Colombia, entre intereses políticos y económicos

Sumidas en una situación política muy delicada, las autoridades colombianas se resisten a abandonar su rol de anfitrión. El ministro de Deportes, Ernesto Lucena, manifestó que ya invirtieron 12 millones quinientos mil pesos -más de 3 millones de dólares- para garantizar la organización del evento y que se ponen en juego «más de 4 mil empleos directos e indirectos». Si bien el ministro del gobierno de Iván Duque sostuvo que no quieren tapar la «realidad social», luego señaló que la Copa América debe ser «un mensaje de unión, usar la Copa América como un vínculo de paz».

Lo cierto es que Colombia viene mostrando una faceta poco pacífica a partir del fuerte descontento con la administración uribista. En el ámbito del fútbol, esto se plasmó en graves incidentes fuera del estadio antes y durante los partidos: hace una semana, River visitó al Junior de Barranquilla por la Copa Libertadores y el equipo argentino debió demorar la entrada en calor debido a los gases lacrimógenos que fueron lanzados en las inmediaciones de la cancha en medio de fuertes enfrentamientos entre la policía y habitantes de la zona. Aunque no trascendieron los nombres, un puñado de auspiciantes de la Copa América se opondrían a que se realice allí el evento producto de la compleja coyuntura.

La Conmebol, el gran ganador

Otra cuestión peculiar es que, si bien la Copa América se jugará sin público, Conmebol anunció el mes pasado un incremento de dos millones y medio de dólares en el premio económico que recibirá el ganador: una suculenta cifra final de diez millones de dólares, mientras que cada seleccionado recibirá cuatro millones de dólares en concepto de preparación y logística. De esta forma, el organismo busca ganarse el respaldo de todas las selecciones y evitar cualquier tipo de deserción que ponga en peligro la realización del evento.

Para ello cuenta además con el respaldo de auspiciantes muy poderosos como Sony, que puso en marcha una nueva versión de la canción «La Gozadera» con vistas a musicalizar la Copa. También aparece como sponsor estrella la firma TCL, uno de los actores líderes en la industria de la televisión global. A éstas se le suman otras marcas oficiales de la Conmebol: Nike, Qatar Airways, Mastercard, Amstel y Bodog.net. Asimismo, cabe destacar que la cadena de televisión en español Univisión, propiedad de la mexicana Televisa, confirmó la adquisición de los derechos de transmisión de esta controvertida Copa América por un valor superior a los 180 millones de dólares.

Presidida por el empresario paraguayo Alejandro Domínguez, la entidad sudamericana -denunciada en varias oportunidades por casos de corrupción- reportó ingresos por 509 millones de dólares a lo largo de 2019. Su fuerte poderío le permitió gestionar 50 mil dosis de la vacuna china Sinovac con el objetivo de inmunizar futbolistas y garantizar la disputa de la Copa América y el resto de las competencias continentales este año. ¿Podrá alcanzar su cometido?

Fuente https://elgritodelsur.com.ar/

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