«El pueblo elegido» volvió a bañar Gaza de sangre

 El ejército israelí atacó Gaza y dejó 35 muertos, entre ellos 12 niños. Análisis de los factores que inciden en la nueva etapa de un histórico conflicto.

«El pueblo elegido» volvió a bombardear Gaza. Al menos 35 muertos (entre ellos, 12 niñes) y 700 heridos es el saldo que dejó una nueva ofensiva del ejército israelí sobre el territorio palestino de la Franja de Gaza. El ataque representa la mayor escalada de violencia desde 2017 y agrava la situación en esta zona caliente de Medio Oriente, donde se definen algunas de las tensiones de la geopolítica mundial. El conflicto comenzó hace unas semanas, cuando el Estado de Israel prohibió el derecho de reunión a los palestinos en la explanada de las Mezquitas durante el sagrado mes del Ramadán. Esto disparó una serie de protestas de la comunidad palestina de Jerusalén Este que colisionaron, a su vez, con movilizaciones de judíos de ultraderecha. ¿Qué sucede en la ciudad sagrada? A continuación, algunas pistas para intentar comprender mejor el escenario

La actual etapa de violencia se desató luego de que un tribunal israelí decidiera dilatar el plazo para los desalojos de inmuebles en la zona Este de Jerusalén, de mayoría musulmana pero ocupada por Israel desde 1967. El desalojo de pobladores originarios para instalar colonias judías es una política que comenzó hace años en los territorios palestinos y que alcanzó su cúspide en la ciudad de Jerusalén, un territorio sagrado para el cristianismo, el judaísmo y el islam. A la gentrificación producto de la compra de inmuebles en la parte musulmana de la ciudad (donde se asientan en su mayoría judíos ortodoxos), se le suman las limitaciones que tienen los pobladores palestinos para acceder a la vivienda e incluso a la ciudadanía. Israel controla Jerusalén desde hace más de 50 años, a pesar de las llamadas de la comunidad internacional y la ONU de internacionalizar la capital que ambos pueblos reclaman.

También se suma la complejidad de la pandemia: el Ejecutivo israelí prohibió hace semanas algunas de las concentraciones en la explanada de las Mezquitas, el tercer lugar más sagrado para el islam. Esto desató el rechazo de la comunidad palestina y sus representaciones políticas. Además aparece otro hecho que no es novedoso pero que cobró importancia en los últimos años: el rol que comienzan a ocupar las expresiones de ultraderecha de sectores judíos nacionalistas. Estos grupos convocan desde hace años a movilizarse por el «Día de Jerusalén», en conmemoración de la anexión de la parte musulmana de la ciudad por parte del Estado sionista en 1967. Una caravana de nacionalistas y ultraortodoxos por el barrio musulmán: en otras palabras, una provocación directa y un llamado al enfrentamiento, que cuenta con la anuencia de las autoridades judías.

En este marco comenzaron los enfrentamientos en Jerusalén, donde la policía protegió a los manifestantes ultraortodoxos y se enfrentó con la comunidad palestina. A la represión le siguió entonces la ya tradicional lluvia de cohetes desde la Franja de Gaza, la gran mayoría de éstos repelidos por el escudo antimisiles israelí. En las ultimas horas se conoció una víctima fatal israelí, en la ciudad de Rishon leTzion, y tres heridos graves (entre ellos una menor) luego del impacto de un cohete en un autobús en los suburbios de Tel Aviv. El premier israelí, Benjamín Netanyahu, declaró que Hamas «cruzó una línea roja» y la respuesta israelí, como siempre, fue desproporcionada: una cacería abierta que terminó con al menos 35 muertos y más de 700 palestinos heridos, según informó la Media Luna Roja.

Un elemento más que abona a entender la crisis tiene que ver con la correlación de fuerzas al interior de Israel y Palestina. Pese a que la Autoridad Palestina de Mahmud Abas (que gobierna Cisjordania) denunció «una agresión bárbara» de las fuerzas israelíes, el Estado sionista ha logrado en los últimos años dividir el territorio palestino -y su dirigencia- entre una administración moderada y dialoguista (Al Fatah y Mahmud Abbas en Cisjordania) y otra islamista y radical, a la que demoniza, bloquea y combate militarmente (Hamas en Gaza). La división territorial palestina abonó también a la dispersión de su dirigencia. Una estrategia de siglos aggiornada al conflicto en Medio Oriente: divide y colonizarás.

Del otro lado, un Israel cada vez más derechizado y radicalizado. En las elecciones legislativas de este año volvió a imponerse el derechista Likud, del actual premier Netanyahu y en tercer lugar se ubicó la formación de su primer ministro suplente, Benny Glantz. Segundo finalizó Yair Lapid, quien se presenta como «centrista» pero ya afirmó que podría ceder el liderazgo de una hipotética coalición al derechista Naftalí Bennet, con tal de conformar gobierno. Relegado al sexto puesto quedó el laborismo de HaHavodá, con apenas un 6% de los votos. Olvidadas en el tiempo quedaron aquellas imágenes de los kibutz, espacios comunitarios de trabajo de la tierra y crianza colectiva: la fotografía del Israel actual es la lluvia de bombas sobre Gaza, el asesinato a mansalva con el cínico apellido de «selectivo», la colonización impulsada desde el Estado y el crecimiento de las ultraderechas.

Entre misiles y muertes se escribe con sangre un capítulo más del complejo conflicto entre Palestina e Israel. Queda abierta la pregunta por el impacto que pueda traer el flamante liderazgo de Joe Biden en Estados Unidos y la incidencia que tendrá esto en una dirigencia israelí que apostó fuerte y desde un primer momento por la candidatura de Trump, el primer presidente norteamericano en reconocer a Jerusalén como capital de Israel.

Fuete https://elgritodelsur.com.ar/

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