Victoria Ocampo: el espíritu transgresor de una mujer de letras, inteligente y profunda

La hermana mayor, fundadora de la Revista Sur, donó su casa como baluarte de cultura y fue titular de la Unión de Mujeres Argentinas. Su literatura, puede leerse como crónica de su vida y aún esto no alcanza para definirla. ¿Dónde es posible encontrarla hoy? Aquí un recorrido por lo que dejó y sobrevive.

Nosotros hemos sido rebeldes sin causa, ahora le toca a la juventud ser rebelde sin causaVictoria Ocampo.

El día que su familia iba a “presentar en sociedad” a Victoria Ocampo le parecía que su vida iba a cambiar para siempre, que conseguiría una independencia, que comprendió, esa instancia tan anhelada y sobrevalorada no le dio. “Todas esas prohibiciones y limitaciones empezaron a crear en mí un estado de rebelión”, escribirá en su Autobiografía II. Llama que la llevó tan lejos como, tal vez, nunca pudo imaginar.

Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo nació el 7 de abril de 1890 en una casa en la esquina de Viamonte y San Martín, como la mayor de seis hermanas: Angélica, Francisca o “Pancha” -para los afectos-, RosaClara Silvina. Hija de Manuel Ocampo, ingeniero especializado en puentes, y Ramona Aguirre -llamada “La Morena” por su cutis criollo-, una madre a quien recuerda afectuosa en sus memorias. Perteneció a la clase aristocrática de Buenos Aires en dicho siglo, lo que le generó más de un prejuicio de clase y a la vez las posibilidades que con su carácter disruptivo, utilizó para destacarse en el mundo y generar más de un aporte social, cultural y de género. 

“No me cabe la menor duda de que se podrá pensar, que el único drama sufrido en mi adolescencia y juventud eran de la índole del desayuno que no llegó a hora, o del baño sin agua caliente por una momentánea descompostura de la caldera. Sin embargo, esto que parecería ser la verdad, ni siquiera es la mitad de la verdad”, reconoce Victoria en su texto El imperio insular, conciente de sus privilegios y vicisitudes y haciendo propias las palabras que el jefe del Partido Demócrata de los Estados Unidos, Powers le dijo a John F. Kennedy, por entonces candidato a presidente. Y entre las tragedias: el fallecimiento de Clarita, su hermana por una diabetes infantil a sus 11 años.

Victoria Ocampo, con un ejemplar de su revista editorial

De este modo, desarma con su pluma el prejuicio más divulgado para introducir su vida, vida que a excepción del acceso a rutinarios viajes a Europa o América del Norte y otros lujos, quizá no estuvo tan alejada de otras, a las que también miró con empatía y buscó su revancha para erradicar desigualdades a través del arte, su promoción y práctica.

A Victoria su madre no la dejaba leer. Por eso, escondía bajo su almohada ejemplares como la novela Balada de la cárcel de Reading, de Oscar Wilde. Quizá su primer acto de rebeldía y superación pero también la metáfora de lo que sobresale y no puede permanecer oculto, así como el mismo acto se convirtió en la capacidad de resiliencia de Anne with an E (la heroína de la autora Lucy Maud Montgomery, adaptado por Moira Walley-Beckett en una serie que adquirió Netflix). Tal vez no haya uno sino múltiples momentos bisagra que determinaron -si es posible hacerlo- a Victoria Ocampo. Sin embargo, algunos, como éste prevalecen. 

“Nadie elige la familia en la que nace. Los prejuicios de clase estuvieron siempre alrededor de Victoria Ocampo y no podría decir si realmente le pesaban. Victoria Ocampo vivió siempre con parámetros propios, con convicciones muy fuertes”, reflexiona en diálogo con Filo.News la Licenciada en Filosofía y Doctora en Letras, Sofía Di Sala.

Familia Ocampo- Aguirre

Victoria cuenta en reiteradas oportunidades su voluntad de ser actriz. Narra sus recuerdos interpretando obras teatrales, muy al estilo  también de las Mujercitas March de la escritora Louisa May Alcott (llevadas al cine en varias versiones), que no casualmente eran coetañas a la futura escritora argentina. “El estudio que hubiera seguido por voluntad propia, y en serio no me lo permitían era el teatro; ese fue mi drama durante años. Y creo que tenía vocación para las tablas. Aunque la luz de las candilejas nunca me hubiera reemplazado ni alejado de la del sol”, escribe en su libro.

Pero estudiar no fue una opción para su padre, quien a su vez se lamentaba por ello. Victoria expresa que la educación que se daba a las mujeres era por definición y adrede incompleta, deficiente. “Si hubiera sido varón, hubiera seguido una carrera”, protestaba Ocampo. “Y lo mismo hubiera podido decir de sus otras hijas (aunque las carreras hubieran sido diversas)”, reconoce la autora, cuya profesión se emparentó y a la vez diferenció de Silvina (bautizada con el segundo nombre del padre), la menor de sus hermanas, quien adoptó la ficción para escribir, contando mundos que no eran contados, desde el suspenso y cómo la oscuridad también debora a las y los niños. Pero esa es otra historia, aunque igual de apasionante y brillante.

Victoria, como sus hermanas recibieron educación privada en sus hogares, no teniendo así la primera instancia de socialización que niñas y niños tienen fuera de su familia. Si bien se describe como “haragana” reconoce que no conocía la pereza para las artes y la lectura. “Los niños con ‘facilidades’ suelen ser holgazanes”, menciona conciente de sus condiciones. Y sus viajes, le permitieron apropiarse del francés e inglés.

“A partir de mi nacimiento siempre se esperaba un varón para matizar. Pero cuando no se presentaba (…) a nadie se le ocurría que tantas mujeres eran una calamidad (…) ¿Qué hubiera podido agregar a la batahola de las chicas de la calle Viamonte un varón? No lo sé”, señala. 

Y la realidad es que su género no la frenó. Victoria fue la única mujer designada como miembro de la Academia Argentina de Letras (1977) y una de las primeras en conducir un auto, y vestir pantalones. Tampoco se inhibía de fumar entre hombres. Y el día que un varón intentó incomodarla preguntándole el motivo por el que no la dejaban asistir a eventos en los que pudiera socializar con muchachos, ella le contestó: “¡Cretino! Me gustaría verte a vos soportando lo que tengo que soportar. Reíte nomás, matón de barrio”.

“Victoria Ocampo fue una mujer independiente. Su estilo transgresor fue la forma que encontró para vivir su libertad, su principal bandera. Un feminismo de la igualdad en sentido fuerte: igualdad de condiciones y oportunidades para hombres y mujeres, igualdad de capacidad intelectual, fundamentalmente”, analiza la especialista en Filosofía y Letras, Sicala. 

“Si las mujeres de este grupo pueden responder por sí mismas, podrán responder dentro de poco por innumerables mujeres”, Victoria Ocampo.

No existió el hombre que le quitara idea tal que surgiera en la mente de la mayor de las Ocampo. Y eso que Victoria se enamoraba fogozamente y no escatimaba pasiones. Su primer marido (1912), Luis Bernardo “Mónaco” de Estrada, cómplice del señor Ocampo, le prometía que los “delirios” de su hija por ser actriz se irían ni bien quedase embarazada (otra de sus resistencias, pues no fue madre), carta que Victoria finalmente descubre en su viaje de bodas y por la que culmina su matrimonio.

Es también en dicho viaje de bodas que Victoria conoce a Julián Martínez, primo de Mónaco aunque no tenían una buena relación entre ambos. Y los rumores de romance llegaron al ex poco antes de que verdaderamente iniciara un vínculo, motivo por el que comenzaron a telefonearse frecuentemente y no tardaron en dar rienda a una historia en común. Estuvieron juntos durante trece años, y entre sus lugares en el mundo se refugiaron en la casa de la escritora en Mar del Plata. Fue por aquel entonces que fue pionera al obtener su registro para conducir.

Victoria Ocampo, mujer de letras

“Ahora vemos el lado cómico de estas costumbres pero quienes las soportaron conocieron su lado humillante y exasperante. Los prejuicios han variado. Sin embargo existen bajo otras máscaras”, escribe Victoria.

La revista rebelde, el “giro feminista” y la admiración que entabló una amistad con Virginia Woolf

“Nunca he leído un libro, visto una pieza de teatro o presenciado un acontecimiento que considerara extraordinario sin tener inmediatamente necesidad de compartir mi entusiasmo o indignación con cuanta persona me caía a mano”, cuenta Victoria recordando su adolescencia, y a la vez como presagio del destino que forjó: la creación de un espacio que visibilizó autores e intelectuales publicando sus obras.

Delfina Migueltorena es estudiante de Artes de la escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y librera desde hace varios años, y como si fuera influencia de Victoria, vuelca sus “experiencias de lecturas” en su perfil @cronicasdesal, una “suerte de bitácora literaria 3.0” pero también de diario personal por el que desfilan y se conservan tantos talentos y sus obras.

“De todas las Victorias que supo ser Victoria Ocampo, la que más me interesa es la de editora”—  expresa a este medio—  “En Sur, tanto la revista como la editorial, se ocupó de visibilizar la literatura de las mujeres. Abrió el debate en varias ocasiones sobre el papel de la mujer tanto en el ámbito literario, como en la vida pública del siglo XX. La contribución de Victoria como directora y fundadora de Sur no se limitó únicamente a enriquecer y ampliar las bibliotecas de los argentinos/as, también cuestionó lugar que la sociedad le asignaba a la mujer”. Denunció que la mujer, ‘era un objeto del que un padre o un marido podía disponer, y si protestaba se creaba la fama de filleperdue (chica perdida) o con tendencia a serlo” (Autobiografía, 1991).

Victoria escribió una Autobiografía en seis partes y diez tomos de Testimonios, escritos polilingües que bien, hoy podrían ser leídos como una crónica latente de lo que fue su vida. En esas páginas, confesiones o ensayos autorreferenciales, plasmó la mirada aguda de una periodista y la sensibilidad de una escritora, o viceversa. Sea como sea, la historia oficial preponderó la figura de Ocampo solamente -y lejos estoy de desmerecer esta conquista- como la fundadora de una de las revistas más influyentes en Latinoamérica en el siglo XX, la Revista Sur (1931), y aún le debe a la autora que también supo ser.

“En efecto, creo que es necesario leer más a Victoria Ocampo (no sólo sobre ella)”, complementa la Licenciada y doctora Sofía Di Scala. “Descubrir su escritura, sus metáforas, sus ideas. Descubrirla como ensayista. Reconocerla como una escritora que hizo del ensayo personal una fiesta. Creo que interesante analizar la relación entre la escritura ensayística de Ocampo y los modos de la experiencia. Quiero decir, ¿cómo se narra una vida? ¿Cómo se narra la propia vida? ¿Es posible? ¿Qué lugar ocupa la autoficción en su escritura? Creo que son todas inquietudes que deberían despertarnos una enorme curiosidad por su obra”, reflexiona. 

Leer a Victoria es como escuchar a una amiga en el tiempo: palabras que parecen consejos de hoy pero a la vez como venidas de ayer para advertir hacia dónde seguir y por qué caminos no retornar. Tuvo la habilidad no sólo para expresar en el papel lo que fue su vida -y la de otras personalidades- y hacer de su persona un personaje literario sino la destreza de continuar vigente.

El equipo de la revista Sur

Por Sur publicaron  y obtuvieron reconocimiento innumerables talentos, entre ellos la dupla Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (una de las duplas literarias más influyentes de nuestro país), que se casaría con Silvina Ocampo, quien a su vez supo separarse de la sombra que semejantes figuras proyectaban a su lado.

Dirá Borges (1979): “En un país y en una época en que se creían católicos, Victoria tuvo el valor de ser agnóstica. En un momento en que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser un individuo. Que yo recuerde, no discutimos nunca la obra de (Henrik) Ibsen, pero ella fue una mujer de Ibsen. Vivió, con valentía y con decoro, su vida propia. Su vasta obra, en la que abunda la protesta, no condesciende nunca a la queja. Estoy agradecido personalmente por todo lo que hizo por mí, pero sobre todo, como argentino por lo que hizo por la Argentina”.

La metáfora de Borges es tan oportuna como significativa. Ibsen es el autor de Casa de Muñecas (1879), la obra que cuenta la historia de Nora Helmer, una escritora que deja a su marido y a su hija e hijos al cuidado de su nana, la mujer que a su vez la crió pero regresa quince años después, por un propósito que no puede ignorar. Una obra que analiza no sólo la desigualdad de género -porque hablar de la ausencia paterna se naturaliza pero no hay pecado más grande que una mujer que reniegue de su “instinto maternal”, pues para eso vino al mundo, ¿no?-, sino de clase y más conflictos. La obra se llevó al Paseo La Plaza en 2019 con la dirección de Javier Daulte, y actuaciones de Paola Krum, Julia Calvo, Jorge Suárez y Laura Grandinetti.

“Victoria era una figura compleja, una figura que probablemente hoy en día causaría admiración y repudio por partes iguales. Nació en una familia aristocrática y sin embargo, no cedió a esa comodidad, logró desarmar la casa de muñecas a la que estaba condenada y conquistar, en un guiño a Virginia Woolf, su cuarto propio”, profundiza Delfina.

Publicado por Victoria Ocampo

Conocer a su colega británica fue otro de los momentos clave en la vida de Victoria. Sofía Di Scala -quien basó su tesis doctoral en la escritora inglesa-, citará a la periodista Irene Chikiar Bauer (autora de Virginia Woolf: La vida por escrito) para explicar que el encuentro produce el “giro feminista” en Victoria Ocampo. 

“Victoria publicó un libro exquisito sobre Virginia, Virginia Woolf en su diario (1954). Es un ensayo crítico precioso de la correspondencia entre ellas. Sin duda Victoria se fascinó con Virginia. La admiraba profundamente. Tuve la suerte de ver la correspondencia original en Houghton Library, en la Universidad de Harvard. Allí se encuentra el archivo epistolar de Victoria Ocampo. Si bien las dos escribieron ensayos, considero que sus proyectos de escritura eran distintos. Virginia Woolf dejó incompletas sus memorias (que empezó a escribir por sugerencia de su hermana Vanessa Bell), a diferencia de Victoria. Aún así, las dos compartían una gran curiosidad por la relación entre la escritura y la experiencia. En este punto, sus intereses literarios se entrecruzan”, detalla. 

“Virginia, según las palabras de Victoria, escribía como mujer, no buscaba su lugar en la tradición, ya valorada, masculina. Si hay algo que une a ambas mujeres es la necesidad de habitarse como tales, la ambición de buscar un lenguaje femenino propio”, amplía Delfina. La admiración de Victoria se extendió también a otras intelectuales como Delfina Bunge, Gabriela Mistral, María Elena Walsh, y más.

¿Qué diría Victoria?: una activista por el aborto y la lucha colectiva

Para sumarle más méritos y cuestionamientos a la autora y activista no puedo dejar de mencionar que fue presidenta y cofundadora Unión de Mujeres Argentinas (UMA), junto a Susana Larguía y María Rosa Oliver, en 1936, frente desde el que luchó por impedir la promulgación de una reforma a la ley 11.357 que pretendía quitar los derechos civiles a la mujer ya concedidos. 

“Si las mujeres de este grupo pueden responder por sí mismas, podrán responder dentro de poco por innumerables mujeres”, fue una de las frases más conocidas que dejó Victoria.

Fue una de las pocas (si no la única) mujeres en asistir al Juicio de Núremberg (1945). En este proceso llevado a cabo por un tribunal internacional de las naciones aliadas se determinaron y sancionaron los Crímenes contra la Humanidad cometidos por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Victoria Ocampo

Defensora del voto femenino previo al accionar de Eva Duarte, con quien difirió. Fue detenida como presa política en esos años, desde su casa de Mar del Plata en la Cárcel del Buen Pastor (1953). Episodio que también conserva una anécdota. “La Madre Gertrudis nos pidió a todas que pusiéramos una marca a nuestros delantales de presas, para reconocerlos. Se nos ocurrió que era mejor escribir nuestro nombre y llevarlo sobre el pecho donde se viera bien. Una compañera de cárcel, María Rosa González, bordó el mío con hilo verde, sobre una cinta de hilera blanca. Al irme de la cárcel quise comprar mi delantal testigo de una inolvidable experiencia. No me lo dieron, entonces descosí el nombre y me lo llevé. Es uno de los recuerdos más queridos que conservo“, cuenta en sus testimonios.

Su distanciamiento de las ideas de izquierda y el peronismo es uno de los puntos en los que se suele estudiar a Victoria. “Podríamos preguntarnos si su ideología política contribuyó a consolidar su imagen de gestora, de mecenas, al mismo tiempo que dificultó un mayor reconocimiento de su sensibilidad como escritora e intelectual”, analiza la Licenciada Di Scala. 

En el año 1970, tres números de la revista Sur se dedicaron al especial”mujer”. Participaron desde Alejandra Pizarnik hasta Eva Giberti y hubo una encuesta en la que muchas mujeres se pronunciaron, ya entonces, a favor del aborto.

“En esa edición, la psicóloga Eva Giberti dijo: ‘Estimo que ninguna religión debe intervenir en leyes de esta naturaleza (…) Tenemos el derecho a decidir acerca de los abortos aunque estemos limitadas por imposiciones sociales, culturales y legales. También tenemos derecho a recibir asistencia profesional responsable legal sin necesidad de recurrir a maniobras peligrosas. Pero antes que ello tenemos derecho a ser preparadas, informadas acerca de la anticoncepción”, destaca Delfina, agregando que esto “no sólo deja en evidencia la importancia que le da a la multiplicidad de voces como formador de discurso, también deja en claro que su inclinación por la lucha colectiva”.

“Creo que Victoria se sorprendería si supiera que 50 años después de esa publicación de la revista Sur, las mujeres argentinas todavía no contamos con una ley de despenalización del aborto. Una ley de salud pública necesaria y urgente“, manifiesta Di Scala.

Victoria Ocampo

“Con esta noción, Victoria Ocampo, brindó a las mujeres un espacio para poder expresarse haciendo de Sur, una revista disruptiva para su tiempo, y abrió las puertas para que otras mujeres interesadas por ingresar al mundo de las letras o el periodismo, que hasta el momento parecía patrimonio de los hombres, pudieran formar parte del ámbito intelectual del momento”, analiza la cronista literaria.

Villa Ocampo: usina para habitar

En 1973, la mayor de las Ocampo dona la residencia de San Isidro a la UNESCO para la promoción de la diversidad cultural y de los derechos de la mujer, la tolerancia y la apertura a ideas y creencias ajenas. Espacio que recibió a múltiples personalidades y hoy a decenas de turistas. Un fragmento de historia en el presente.

“Visité Villa Ocampo muchas veces. Es una experiencia maravillosa. Recorrer la biblioteca de Victoria, ver sus anteojos apoyados en los estantes, su máquina de escribir, las ediciones que atesoraba”, cuenta la Licenciada Sofía, quien estudió en la escuela que originariamente fue la casa de Silvina Ocampo. “Creo que la decisión de donar la casa familiar como patrimonio cultural fue acertada. Hoy se mantiene en perfectas condiciones, se realizan numerosas actividades culturales y, sobre todo, se mantiene vivo el espíritu de lo que alguna vez fue la vida en sus distintos espacios”, añade. 

Villa Ocampo

Victoria, condecorada por el gobierno francés como Oficial de la Legión de Honor y Comandante de las Artes y las Letras (1962), distinguida Comandante de la Orden del Imperio Británico y con la Medalla de Oro de la Academia Francesa, galardonada con el Premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia, nombrada Doctor Honoris Causa por la Universidad de Harvard y por la Universidad Visva-Bharati de la India. Fallece a sus 88 años, el 27 de enero de 1979, tras luchar durante varios años contra un cáncer bucal. Aunque como escribió Borges: “todas las criaturas son inmortales porque ignoran la muerte”. ¿Dónde, entonces, podemos encontrarla hoy?

“Es una pregunta interesante. La multiplicidad de imágenes de Victoria Ocampo, más el espíritu transgresor de una mujer inteligente e intensa como era, podrían convertirla en un ícono. Pero Victoria Ocampo no está ni estará ahí. Me gusta pensar que está en las nuevas generaciones de escritoras que se animan al ensayo personal, que no le temen a la experiencia, que incluso la desafían mediante la escritura. Allí es donde me gusta encontrarla”, responde la Licenciada Di Scala, asociada con el carácter independiente de la escritora. 

Perspectiva que complementa Delfina Migueltorena: “Me conmueven las escritoras que desconfían de los límites impuestos, que cuestionan los mares mansos. Las voraces, las inconformistas. Victoria fue una de esas mujeres; podría haberse quedado en la orilla, viendo como la espuma le cubría los pies pero renunció a esa comodidad para conquistar su voz, su voz de mujer”.

Victoria Ocampo

“Con la necesidad del tiempo propio que te permita saciar ‘el hambre’ (como ella decía), su voracidad literaria. Tiempo de lectura, que es también tiempo de reflexión, crítica e introspección. Me gustaría que la cultura literaria que defendió y propició tuviera hoy en día un mayor alcance. Me gustaría además que no la mitifiquemos en ninguna de sus imágenes. Que reconozcamos la inteligencia de una mujer que hizo de su escritura un testimonio generoso de su vida”, añade la especialista. 

Es inabarcable tratar de contar y resumir una vida en una nota pero recordar a Victoria Ocampo, es nuestro aquí pequeño y humilde homenaje.

Fuente FiloNews

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