El caso Maia: entre la desidia estatal y el rol de la «mala madre»

El caso de Maia Beloso, la niña de 7 años desaparecida durante tres días, conmovió a la sociedad argentina. Más allá de su caso, ¿qué sucede con las niñeces y maternidades en situación de calle?

Hace pocas horas se conoció el paradero de Maia Beloso, la niña de 7 años en situación de calle que se encontraba desaparecida hace tres días. La menor había sido secuestrada por Carlos Savanz (39), que ya contaba con antecedentes penales y había establecido un vínculo previo con la víctima. Actualmente el hombre se encuentra detenido, imputado por sustracción de una menor.
Durante su búsqueda, mientras el Ministerio de Seguridad declaraba la “Alerta Sofía” (un sistema que difunde información de niñes desaparecides a través de las redes sociales, canales de televisión o dispositivos móviles), los medios masivos se enfocaron en el rol de la madre, juzgando su accionar y posicionándola en el rol de “mala madre”. “Algunos periodistas querían justificar el hecho con lo poco que Stella cuidaba a su hija. ¿Cómo la dejó ir con alguien que no era de su familia? No entienden que en situación de calle la noción de familia se construye con otra lógica, que se componen redes diversas en la constante lucha por sobrevivir», manifestaron desde la Asamblea Popular de Personas en Situación de Calle luego de que la mujer declarara: “Yo le permití ir a cambiar la bicicleta; ella se había encariñado con este hombre. Él jugaba siempre con ella adelante mío, no sé qué se me dio por darle permiso”.

La realidad de las niñeces y maternidades en situación de calle es tan compleja como invisible para el grueso de la sociedad. Mientras las madres de clase media son representadas cada vez más autosuficientes, libres y empoderadas, quienes no responden a este ideal quedan expulsadas del sistema y cuestionadas por estar al margen, en un círculo vicioso que las coloca en el banquillo de los acusados y las aleja de los lugares donde deberían encontrar respuestas y contención.

“Hay un estereotipo de maternidad ideal que se exige a todas las mujeres y en el caso de las compañeras en situación de calle se ve cristalizado en las intervenciones que hace el Estado. Constantemente se considera que no pueden cuidar, de que no están maternando bien y esto lleva a que cualquier medida sea punitiva y violenta, tendiente a una separación del niño de su madre mediante lo que se llama ‘protección de derechos’”, explica Ailén Braile, trabajadora del Centro de Atención Integral para la Adolescencia y la Niñez (CAINA). “Las mujeres con hijos en situación de calle tienen que crear tanto redes afectivas como económicas. La ranchada se vuelve un espacio de contención y cuidado colectivo en el que se sienten seguras aunque tal vez no lo estén. Hay que modificar la mirada estatal sobre niñeces y maternidades en situación de calle porque sino el Estado llega siempre tarde, cuando pasan estas cosas, cuando la situación se extralimita”, asegura Ailén, quien denuncia que las instituciones sostienen «lógicas expulsivas y revictimizantes».

Según el último Censo Popular de Personas en Situación de Calle en 2019, 7251 personas no tenían acceso a una vivienda en la Ciudad de Buenos Aires. De éstas, 871 eran menores y 40 embarazadas. Sin embargo, este dato queda sesgado porque fue construido únicamente en base a niños y adolescentes a cargo de adultos. En el mismo año, el Gobierno de la Ciudad contabilizó apenas 1.146 personas en situación de calle. Hace algunos meses, las organizaciones sociales firmaron un acuerdo con el Gobierno porteño para que el próximo censo sea realizado de conjunto, buscando saldar las diferencias metodológicas y recabar datos sociodemográficos.

En ese sentido Rosario Fassina, coordinadora del Programa Derecho a la Ciudad de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), estima que el número se ha acrecentado luego de la crisis sanitaria y económica y sostiene que las estrategias del Gobierno porteño se basan en subsidios que no alcanzan y paradores que no dan abasto. “Tenemos que dejar de pensar políticas de urgencia como las que piensa el Gobierno de la Ciudad, que tienen que ver con dar un lugar para dormir por una noche, y realmente pensar soluciones que puedan modificar de manera estructural las causas que llevan a la situación de calle, garantizando que realmente todas las personas puedan acceder a una vivienda digna como lo dictamina la Constitución”.

“Para nosotres, la maternidad en situación de calle es el mayor entrecruzamiento de las violencias a las que están expuestas los cuerpos de las personas gestantes”, asegura Daniela Camozzi, integrante de No Tan Distintas, organización que lleva diez años trabajando con mujeres y personas trans en situación de calle. “En el caso de Maia vemos cómo, en vez de haber estado presente con una política integral, el Estado aparece para criminalizar y volver a violentar con intervenciones muy crueles”.

Ante la falta de respuestas superadoras, muchas veces las instituciones estatales proceden a separar a las mujeres de sus hijes, basándose en la ley nacional 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes y la ley 114 en CABA. Sin embargo, Braile asegura que esto supone una mala interpretación del texto de la ley, dado que se trata de intervenciones de última instancia y que el niño/a debe sostener los núcleos familiares y comunitarios bajo cualquier excepcionalidad. “La forma que tiene el Estado de intervenir, de manera violenta, cuestionando su maternidad sin otorgar recursos para que haya una solución real, genera que las compañeras huyan de las instituciones por miedo a que les saquen a los pibes. Necesitamos pensar políticas públicas que trabajen todos los aspectos y no solo la evaluación de la situación del niño, interrogando a las compañeras sino que puedan contenerlas”, asevera quien trabajó durante tres años en el área de niñeces del centro de integración Frida.

“Cuando se separa a la madre de les hijes, nosotres trabajamos para que la mujer entienda que se trata de una situación estructural y pueda aliviar la angustia que muchas veces tiene. Son las organizaciones las que tienen que amortiguar estas situaciones con todas las dificultades que conlleva”, complementa Camozzi.

Si la aparición con vida de Maia es un motivo de alegría, también debería ser un pie para que la sociedad discuta la precariedad que expone a las personas con capacidad de gestar y a las niñeces en situación de calle, así como la urgencia de que las instituciones integren a la perspectiva de género la de clase.

Fuente https://elgritodelsur.com.ar/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s