Maestras y “seños”: ¿educar es solo un trabajo de mujeres?

El 75% del personal docente es femenino y constituye el sector más numeroso de todo el país, superando la feminización del personal doméstico y de salud. ¿Alguna vez te preguntaste por qué las docentes en el nivel inicial casi siempre son mujeres? En esta nota buscamos respuestas a esta interrogante desde una mirada histórica, cultural, estadística y de género, con los testimonios de una maestra y un maestro de primaria.

La docencia en Argentina es un trabajo ejercido mayoritariamente por mujeres. Según datos oficiales más del 75% del personal docente es femenino ¿Casualidad, costumbre o persistencia de un mandato? Para respondernos esta pregunta entrevistamos a una maestra y a un maestro del nivel primario que nos aportaron su mirada y sus experiencias del ejercicio de la profesión en primera persona.

Fuente: Ministerio de Educación de la Nación.

¿Cómo y cuándo surge la feminización de la educación?

Para empezar, este fenómeno tiene una explicación histórica que se remonta a cientos de años en el pasado. La feminización del rol docente fue un proyecto político, histórico y pedagógico de la clase política de finales del siglo XIX que creía que la enseñanza era un trabajo “apropiado” para las mujeres ya que ellas venían educando en el hogar y seguir haciéndolo en la escuela era algo “natural”.

Maestras y “seños”: ¿educar es solo un trabajo de mujeres?
Maestras y “seños”: ¿educar es solo un trabajo de mujeres?

En aquel entonces, se estaba consolidando el sistema educativo en Argentina y los gobernantes de la época se propusieron “construir una nación civilizada” como parte del proyecto modernizador para el país entre los que se destacó la necesidad de que todos los niños y niñas asistieran a la escuela y aprendieran el mismo idioma, valores y símbolos nacionales fundamentales para consolidar la patria.

Reproduciendo estereotipos de género y las cualidades asociadas a ello, las mujeres eran vistas naturalmente como cuidadoras, bondadosas, pacientes, amorosas, comprensivas, alegres y entusiastas: eran los actores sociales perfectos para ejercer la profesión que educaría a las generaciones futuras de una Nación en ascenso.

Clase de Química Escuela Sarmiento UNT de 1920 / Fuente: Conicet

Cimientos educativos con Juana Manso

Hablar de educación en Argentina es hablar de Domingo Faustino Sarmiento, uno de los próceres que se hizo cargo de promover y afianzar la escolarización de cientos de miles de niños y niñas a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. Pero, opacada por su figura, poco se habla de una de las mujeres que tuvo un rol fundamental en la construcción del proyecto educativo argentino: Juana Paula Manso.

Juana Manso fue maestra, escritora, traductora, periodista y pionera en la defensa de los derechos de la mujer en nuestro país a mediados y fines del siglo XIX, y fue quien concebía la educación como “un eje de la libertad”. Se formó académicamente en Estados Unidos, donde admiró su sistema educativo.

Fue a mediados de 1859, cuando conoció a Domingo Faustino Sarmiento y juntos comenzaron a construir las bases del actual sistema educativo. Fundó y dirigió escuelas, creó bibliotecas populares, fue un pilar fundamental en el sistema educativo, tuvo una gran trayectoria como educadora y se convirtió en la primera mujer en ser funcionaria pública.

Se animó a dar una conferencia pública -lo que era impensado para una mujer en esa época- y hasta en sus últimos días se dedicó a dirigir la publicación Anales de la Educación Común. Como si fuera poco (estamos hablando de una mujer a mediados de 1850), además escribió uno de los primeros manuales de Historia que serían autorizados para la enseñanza. 

En 1854 creó su propio periódico: “Álbum de señoritas” que tenía la libertad de expresión como estandarte.

“Álbum de Señoritas”, por Juana Paula Manso / Fuente: Ministerio de Cultura de la Nación

Por eso, la mejor forma de reivindicar a la educación es nombrando a quienes formaron los cimientos que la historia popular no cuenta, porque no sólo fue Sarmiento, Juana Paula Manso fue nuestra educadora más progresista y que también merece todos los honores por su gran y sustancial aporte a la educación.

La docencia en el siglo XXI

Stefanía Morello tiene 22 años y es Profesora en Educación Primaria del Colegio San Marón en el barrio de Retiro de la ciudad de Buenos Aires. Trabajó en seis colegios y nunca tuvo un colega varón con su mismo cargo: “Hay un rol de la ternura sobrestimado en la mujer. Obviamente no todas las mujeres somos tiernas. Puede ser que al enseñar tengas que tener una cierta ternura y empatía con el niño sino nunca vas a encontrar una conexión, pero esa ternura también puede ser masculina”, sostiene. 

Si bien en 1870 se crea la primera Escuela Normal a la que podían asistir hombres y mujeres, los varones que ingresaban sólo trabajaban como maestros unos pocos años hasta que terminaban los estudios y encontraban un trabajo de mayor prestigio social y mejor remuneración. El varón, todavía concebido como sostén del hogar, no podía mantener una familia con el sueldo de un maestro.

El salario docente nunca va a cumplir con ese hombre que tiene que encargarse de pagar las cuentas familiares y sí la deja a la mujer en el lugar de necesitar de otra posición en el caso de querer tener una familia”, agrega Stefanía que relaciona este fenómeno con una dimensión aún mayor y transversal a toda la sociedad: la educación no es ajena al mandato patriarcal y heteronormativo.

Fuente: Ministerio de Educación de la Nación.

Así es que a partir de 1884 las Escuelas Normales pasaron a ser sólo femeninas y asistieron principalmente mujeres jóvenes de bajos recursos que aspiraban a un ascenso social. Convertirse en maestra significaba una enorme posibilidad de crecimiento e inclusión para las mujeres a las que les estaba prohibido ingresar a la Universidad o a los Colegios Nacionales.

La figura de la maestra se convirtió así en un modelo de moral, de disciplina, en un ejemplo de lo que había que “ser y parecer”. Su papel era el de ser las “segundas madres” de sus alumnos, pero no de cualquier manera. El contrato de Maestras de 1923 describe punto por punto lo que le estaba permitido y lo que no a toda mujer que ejerciera el rol docente.

Mediante dicho contrato “La señorita” acordaba: No casarse. No andar en compañía de hombres ni salir de noche. No pasearse por heladerías del centro de la ciudad. No fumar cigarrillos ni beber cerveza, vino o whisky. No viajar en coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre. No teñirse el pelo ni usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos. No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios y mantener siempre limpia el aula.

En esa línea, Stefanía explica que el origen del guardapolvo blanco tiene como significación la pureza que debía demostrar a cada paso la mujer que ejerciera la docencia: “Hoy el guardapolvo blanco es la diferenciación de los colegios públicos de los de gestión privada. En el siglo XIX la educación pública era de otro privilegio entonces el guardapolvo blanco le daba esa significación de pureza, de finura a la mujer que tenía que representar a la docente como ejemplo de la moral”.

“Pensar el mundo” es el proyecto que creó Morello junto a su hermana Antonella, quien también es periodista de Filo.News. Es un espacio de encuentro para cuestionar y pensar desde las historias cotidianas cómo abordamos las problemáticas que nos atraviesan día a día. Conjugando la docencia con el periodismo, Stefanía y Antonella no dudan en visibilizar, debatir y discutir siempre con una mirada crítica, sociológica y cultural, porque pensar y cuestionar en estos tiempos, siempre es una revolución.

Contrato de Maestras en Argentina de 1923

La imagen masculina en la docencia inicial

Los pibes necesitan de referentes docentes masculinos, entre otras identidades. Necesitan la diversidad. No podemos enseñar a ser diversos si quienes enseñamos no lo somos y reproducimos todos los estigmas que se vienen construyendo desde hace tiempo”, puntualiza Morello.

Yo creo que un docente se tiene que mover constantemente y sacarse los estigmas, por ejemplo el don de la paciencia en las mujeres. Creo que un docente tiene que ser muy dinámico y cuestionarse todo el tiempo un montón de cosas porque más allá de enseñar y acompañar a un grupo, tenés un rol social, sos un agente social, y en ese lugar tenés que tener conciencia de clase, perspectiva de género, sed de justicia. Si hay cosas que quiero cambiar no hay que mirar para otro lado. Muchas veces los alumnos no tienen espacios en sus casas y es en la escuela el lugar donde se tiene que hacer justicia y el docente (mujer o varón) ahí tiene un rol fundamental”, finaliza la maestra.

Atendiendo este disparador, creemos que es necesario tomar en cuenta la mirada de un docente varón, por eso dialogamos con Federico Lartategui, quien es maestro de sexto y séptimo grado en el Colegio San Román del barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires.

Creo que la feminización en la educación es un estereotipo que a lo largo de los años ha tomado a la docencia de primaria e inicial como un trabajo complementario en la organización familiar y por ende corresponde a una tarea femenina que ‘ayuda’ al hombre de la casa en cuanto a los ingresos. Es parte del mandato social que se vive por lo menos en nuestro país”, reflexiona Federico.

Fuente: Ministerio de Educación de la Nación.

Tanto Stefanía como Federico son conscientes y coinciden en la inequidad de género que hay en la educación inicial, a lo que Lartategui agrega: “Se naturalizó este desbalance. En mi experiencia creo que se sigue pensando que esta tarea sigue siendo principalmente femenina y cuesta romper con eso. Yo decidí estudiar el profesorado ya de grande y me arrepiento de no haberlo hecho antes. Toda mi familia, incluyendo a los varones, son docentes. Lo vivo con naturalidad ya que tiene sus ventajas y desventajas, pero lo cierto es que no tengo muchos colegas varones, la mayoría son mujeres”.

No sólo la falta de varones en la docencia inicial es una problemática que merece ser discutida, también es necesario plantear los espacios para docentes de otras disidencias como por ejemplo las identidades trans. En este sentido, Lartategui cuenta: “No he tenido experiencias propias, pero puedo citar sólo el caso de mi hija que cursando el colegio secundario en un establecimiento privado y católico le tocó tener una docente trans, tanto ella como sus compañeros y la mayoría de los padres afortunadamente lo vivimos con total naturalidad”.

Poder convivir en libertad de elección sin prejuicios para los y las docentes, es el camino que servirá de ejemplo educativo para que los alumnos y alumnas crezcan con un nuevo concepto de masculinidad y perspectiva de género integral. Pero lamentablemente, el camino todavía es sinuoso.

No sólo desde el lado de la docencia, sino también desde la crianza, Federico afirma que fueron la mayoría de las madres quienes acompañaron y asumieron la responsabilidad de sostener la enseñanza en casa durante la pandemia: “Creo que son las madres quienes estuvieron más presentes y lo compruebo a través de los mensajes que he recibido que generalmente fueron de parte de ellas, también lo noto en la mayoritaria participación que ellas tienen en las reuniones llamadas de ‘padres’.

A mayor grado educativo, más son los varones presentes

Enseñar, no es dirigir. La realidad es que si bien la base de la pirámide magisterial es femenina, hacia “arriba” se va masculinizando. En otras palabras, las posiciones de decisión y poder siguen estando ocupadas por varones. Ni hablar si ascendemos en niveles educativos.

Podemos decir que está naturalizado que la sociedad para diferenciar entre género en la educación a nivel general es que, cuanto más especializado sea el estudio o grado de educación, más porcentaje de hombres hay ejerciendo la enseñanza. A mayor edad del alumno, más hombres en el profesorado.

Aunque siguen siendo una minoría en comparación al número de docentes mujeres, los docentes varones aumentan en la edad de la educación secundaria obligatoria.

Fuente: Ministerio de Educación de la Nación.

¿Quién no recuerda a ese profesor de matemática, historia o química en el colegio? Pero, ¿podemos recordar también figuras masculinas en la primaria? Este punto es el que nos interesa debatir. 

Parece ser que cuanto mayor es la exigencia académica profesional, más varones ocupan el cargo. Cualquiera tiene en la retina a esa profesora que marcó la infancia o adolescencia, donde la misma era como nuestra segunda madre. Aquella persona adorable que enseñaba en la escuela: la maestra que era la prolongación directa entre la relación madre e hijo/a.

Lo cierto, es que la enseñanza ha sido durante siglos algo que se le atribuye al género femenino como venimos desarrollando a lo largo de esta nota, como una extensión de la crianza. Esto quiere decir que, a nivel general, se ha interiorizado la idea de que las mujeres representan las cualidades de la paciencia, la ternura y la empatía con las infancias y que estas características son definitorias de lo femenino. En este sentido, a las maestras se les pide que sean más maternales que profesionales.

El camino hacia una docencia igualitaria

Utópico dejará de ser el día que la imagen masculina deje de estar relacionada a figuras del poder y se pueda involucrar en la cancha de la docencia inicial y primaria. “Es necesario romper con el estereotipo de que la docencia es una profesión para mujeres porque ellas están más capacitadas para el cuidado de los niños y niñas. Pero creo que tiene que ver más con un mandato que responde a la sociedad en general y no a la docencia en particular”, cierra Federico.

La idea de educación ligada a la crianza y tareas domésticas justificó desde antaño la predominancia femenina, pero esta idea quedó retrógrada y a la luz del contexto que estamos atravesando hoy, es necesario derrocarla por las y los docentes, y principalmente por el modelo de referentes educativos que hoy los niños y niñas reciben.

Fuente: http://www.juanamanso.org

Con la idea instaurada de “vocación”, se ocultaron las determinaciones de género y se basaron en una construcción intrínsecamente asociada a la idea de servicio femenino más que de formación. Es por eso que las mujeres todavía ocupan la base de una pirámide que funciona y sostiene a un sistema, pero un sistema que sigue siendo articulado y manejado por varones. 

Porque son los estereotipos los que tienen la función de ordenar el mundo a nuestro alrededor, ya que funcionan socialmente para establecer y mantener la hegemonía del grupo dominante, y en este caso el patriarcal. Romperlo será el primer y fundamental paso. 

No somos ajenas y sabemos que estamos hablando de una problemática con una enorme complejidad, pero que obliga a que la tarea y estructura docente hoy en Argentina sea mirada sí o sí bajo la lupa de la perspectiva de género y la equidad.

Fuente FiloNews

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