Cinco años sin Berta Cáceres, activista indígena y feminista asesinada por luchar

Para Berta Cáceres, los elementos de dominación son tres: el racismo, el patriarcado y el capitalismo. Así lo recuerdan una investigadora y una activista a cinco años del crimen que dejó al mundo sin una activista comprometida, pero con un mensaje y una lucha que permanecen presentes hasta el día de hoy.

Cinco años sin Berta Cáceres, activista indígena y feminista asesinada por luchar
Cinco años sin Berta Cáceres, activista indígena y feminista asesinada por luchar

Hoy se cumple cinco años desde el asesinato a Berta Cáceres, la activista indígena Lenca, feminista y una de las defensoras de Derechos Humanos más conocidas en Honduras, que dio su vida a la defensa del territorio, el medioambiente y los derechos del pueblo Lenca.

Desde el Consejo Cívico de Organizaciones Indígenas Populares (COPINH), el cual co-fundó en 1993, organizó permanentes campañas contra mega proyectos que violaban los derechos ambientales y perjudicaban o anulaban el desenvolvimiento digno de las comunidades locales. Cáceres luchó por la defensa de los bosques y los ríos, la autonomía de los pueblos indígenas y resistió -siempre en comunidad- al golpe de Estado del 28 de junio de 2009, hito en la historia hondureña que trajo una mayor impunidad y un recrudecimiento en las violencias, principalmente hacia mujeres e indígenas. Incluso, recibió en 2015 el Premio Medioambiental Goldman, destinado a defesorxs de la naturaleza y el medioambiente.

“De los ríos somos custodios ancestrales el pueblo lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta”, dijo la activista hondureña cuando recogió el Premio Goldman.

Así se enfrentó a corporaciones multinacionales, madereros ilegales, dueños de plantaciones y la construcción de represas hidroeléctricas, entre otros. Por su lucha recibió decenas de amenazas de muerte, que denunció durante años y la llevaron el último tiempo a contar con medidas cautelares por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde 2009, aunque sin protección del Estado. Además, su madre e hijos tuvieron que abandonar el país, mientras ella dormía cada noche en un lugar diferente, prácticamente no se comunicaba por teléfono y abandonó las presentaciones públicas, a modo de protección. De hecho, una semana antes de su asesinato, Cáceres denunció que ella y otros dirigentes de su comunidad habían recibido amenazas de muerte y otros cuatro habían sido asesinados.

Por el crimen perpetrado entre la noche del 2 y la madrugada del 3 de marzo de 2016, el tribunal de Honduras condenó el 29 de noviembre de 2018 a siete personas y absolvió a otra más. Entre los condenados estaban los tres sicarios que dispararon contra Cáceres, dos ex militares y dos trabajadores vinculados a la empresa DESA (Desarrollos energéticos), que buscaba construir una represa hidroeléctrica a la que la activista se oponía fervientemente. 

Ante esta resolución, la familia de la Cáceres criticó el fallo y opinó que “hubo condenas pero no hubo justicia”, según explicó su hija, dado que no fueron investigados los dueños de la hidroeléctrica. En este sentido, organizaciones como CEJIL (Centro por la Justicia y el Derecho Internacional ) y Amnistía Internacional consideran que “los autores intelectuales del asesinato aún están en impunidad”.

Además, desde el COPINH difundieron este martes un pronunciamiento en memoria de la ecologista pidiendo justicia. “Las presiones de grupos económicos y políticos impiden que se avance con la justicia y que Daniel Atala Midence, José Eduardo Atala Zablah, Pedro Atala Zablah y Jacobo Atala Zablah sean presentados ante la justicia para que respondan por sus crímenes”, sostuvieron.

El activismo de Berta Cáceres apuntó a desmantelar el racismo, el clasismo y el patriarcado.

Honduras es el país más peligroso del mundo para el activismo ambiental, con un total de doce activistas medioambientales asesinados en 2014 y más de 120 entre 2010 y 2017 por oponerse a proyectos de represas, según una investigación de la ONG Global Witness.

Actualmente, de acuerdo con el informe Territorios en Riesgo II de Intermón Oxfam, en este país operan 112 hidroeléctricas y hay 300 más en proyección que se encuentran en diferentes fases de planificación y ejecución, 25 de ellas están dentro de áreas protegidas y otras 34, en territorio lenca. En esta línea, en enero pasado, el Gobierno hondureño aprobó la construcción y operación de 14 represas más.

Berta y el feminismo

La luchadora Berta Cáceres activó desde distintas causas, encontrando la intersección entre todas ellas. Sus luchas se abocaron a visibilizar y trabajar contra el racismo, el capitalismo y el patriarcado.

Andrea Gigena, investigadora del CONICET especializada en ciudadanía y participación política de mujeres indígenas, advirtió, en diálogo con Filo.news, que los pensamientos feministas de Cáceres fueron adelantados para su época y que no obtuvieron el reconocimiento merecido.

“La historia del feminismo de la región latinoamericana, pensándolo en las décadas de los ’80, los ’90, siempre tuvo una gran dificultad para involucrarse, vincularse o reconocer otras identidades más allá del sujeto mujer. Y siempre se ha dicho que tuvo algunas distancias con las mujeres populares”, introdujo Gigena.

En este contexto, “Berta -agregó- deja en claro la reivindicación del feminismo y de las luchas por la emancipación de la mujer, junto con otras luchas: las ambientales, las de su propia comunidad como colectivo, como pueblo indígena. Eso fue bastante gráfico de esa relación (feminismos e indigenismos) que ahora parece muy fluida, pero que incluso en el 2010 no eran tan evidente”.

De hecho, Berta Cáceres apoyó su lucha en tres pilares. En una entrevista en el 2010 con la escritora y activista feminista de nacionalidad italiana y mexicana, Francesca Gargallo, Cáceres apuntó: “Si no se tienen en cuenta todos los elementos de la triple dominación, racista, patriarcal y clasista, entonces vamos a repetir otra vez la historia de dominación que queremos desmontar”.

Berta Cáceres.

“No podemos separar el racismo por un lado y posponer el patriarcado, decir que la justicia para las mujeres viene después que triunfe ‘X’ poder”, agregó y especificó: “Creo que en el caso de las mujeres indígenas es un reto mayor que el de las mujeres urbanas porque todas las condiciones de injusticia, de discriminación y de racismo se suman”.

Además, puso el foco en la importancia de la relación entre la mujer y su cuerpo. En relación con la militarización de Honduras después del golpe que derrocó a Manuel Zelaya, Cáceres afirmó que “si las mujeres no se hablan de sus cuerpos entre sí, si no reconocen sus derechos al placer y a no sufrir violencia, no podrán entender que la militarización es una práctica de invasión territorial que se vincula con la violencia contra las mujeres, al utilizar las violaciones sexuales como un instrumento de guerra”.

“Hay una tendencia a no mencionar a Berta Cáceres como parte de los feminismos indígenas, posiblemente porque su activismo medioambiental fue más resonante”, explicó la también Doctora en Ciencias Sociales, Andrea Gigena. “Pero fue una adelantada en esos planteamientos y en ese reconocimiento en el diálogo con las feministas”, concluyó.

La lucha de Cáceres permanece firme hasta el día de hoy en su familia, en organizaciones como el COPINH y en las luchas de los pueblos y comunidades indígenas.

Ninari Chimba Santillán, activista de nacionalidad Kichwa, de dos pueblos indígenas de Ecuador, Panzaleo y Otavalo, dejó un mensaje a este medio en honor a su memoria:

“Berta Cáceres, inmortalidad en su voz y accionar. Cuán importante sigue siendo a pesar de los años, porque por toda el Abya Yala ahora se riega su legado, y nos llega a todas, y nos une, a mestizas, indígenas, negras. Ha llegado a la mitad del mundo, Ecuador, y nos encargaremos de que siga caminando, como antídoto para el olvido, la tranquilidad frente a la impunidad, y al frío que nos distancia con la madre tierra. Ella, quien a Berta la mantiene viva en miles de nosotras cuando sembramos, cuando cantamos, cuando tejemos, cuando hablamos lenguas madres, cuando escribimos, cuando bailamos, cuando defendemos y cuestionamos, cuando cosechamos y caminamos, cuando somos coherentes con lo que decimos y hacemos. Berta vive hasta el ombligo del mundo”.

Por último, una frase de la luchadora incansable por los derechos de los pueblos y la mujeres indígenas, Berta Cáceres: “La madre tierra, militarizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente derechos elementales, nos exige actuar“.

Fuente FiloNews

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