La Veneno: un homenaje a todas las travas

Por Gala Ferreyra

“Yo nací el 19 de marzo de 1964, la noche de San José. Bajo el canto de una serenata. Nací cuando tocaban las doce de la noche. Nada más nacer, mi abuela fue a lavarme y se quedó asombrada con mi mirada, como si me ocurriera algo. Tenía los ojos muy abiertos, muy brillantes, y dijo: este niño está destinado a conquistar con la mirada”. Así relata su llegada al mundo una de las actrices que encarna a Cristina Ortiz, la vedette trans española de los 90, en la nueva serie “Veneno” de Los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrossi).

Para quienes no conozcan a Cristina “La Veneno” Ortiz, basta con mirar unos videos en YouTube para quedarse enganchadx con ella. Su primera aparición televisada fue en una entrevista que le hicieron en “Esta noche cruzamos el Mississipi”, el primer programa late night de España en el año 1996. Como un espejismo de una Venus exuberante entre las luces de los autos, la Veneno caminaba en medio de la calle del Parque del Oeste en Madrid –donde ejercía como trabajadora sexual- cuando Faela Sainz, la reportera que la descubrió, le pidió hacerle unas preguntas. Cristina respondió con carisma y frescura. Con sus pechos descubiertos, joyas en la cara y un pelo rojizo que brillaba en la niebla de la madrugada, despojaba de toda seguridad a cualquiera.  Al día siguiente de que la entrevista salió al aire, le insistieron por semanas para que vaya al plató del programa para lanzarla como una estrella. En ese momento, comenzó la historia de la Veneno que los medios construyeron de ella, pero no la que ella necesitaba contarnos. Ni la que ella necesitaba que creyéramos.

La serie es un homenaje a Cristina y a todas las mujeres trans de su época. Está inspirada en el libro “¡Digo! Ni Puta Ni Santa. Las memorias de La Veneno” de Valeria Vegas, una de sus amigas más íntimas y con quien pasó diez años escribiendo su biografía. Es notable el trabajo de Los Javis y la investigación previa que hay sobre la vida de Cristina, la cual fue construida tanto desde relatos de amigxs y allegadxs como por registros audiovisuales.

El reparto es destacable. Es diverso y pone en primer plano una necesidad actual y relevante: contratar y castear a personas trans. Los papeles trans son llevados a cabo por personas trans, e incluso amigas íntimas de la Veneno que hacen de ellas mismas, como es el caso de Paca La Piraña y Juani Ruiz.

La representación de Cristina también dio mucho de qué hablar: hay cinco actorxs que la encarnan. Tres de ellas, en su etapa más adulta, son Jedet –en su época pre hormonización hasta los 27 años-, Daniela Santiago –desde los 27 a los 42- e Isabel Torres –desde los 42 hasta la muerte de la vedette-. Son ellas tres quienes se roban toda la atención del público al llevar adelante las etapas más conocidas de la vida de la ícono.

Por otro lado, Lola Rodríguez interpreta a la biógrafa Valeria Vegas y cómo su amistad con la vedette le cambió la vida. Contratar personas trans es una decisión política que permite visibilizar al colectivo en espacios mainstream y de gran alcance. Más que nada por la importancia que lleva la representación en esta serie.

En palabras de la Valeria real, es una serie que dignifica la memoria de La Veneno. Pone en primer plano cómo los mismos medios crearon un “juguete roto de la televisión”, del cual se reían, demonizaban y ponían en duda su mismo dolor. Cristina fue tildada como una mujer peligrosa, por trans, por analfabeta, por trabajadora sexual, por sus turbulentos romances, por sus respuestas ingeniosas, y por defenderse de la violencia que los medios ejercían sobre ella. En palabras de la Valeria de ficción, las mujeres trans no son peligrosas, “son mujeres para las que el mundo es peligroso”. Peligrosas son las decisiones políticas que llevan a finales fatales y que no le importan a nadie. Luego del libro, las amenazas de muerte no se hicieron esperar y la vedette decía públicamente que temía por su vida.

Y no fue en vano. En 2016 encuentran el cuerpo de Cristina ensangrentado en el sillón de su casa. En su momento, el juez dictaminó que fue un accidente doméstico aunque el tratamiento por parte de la policía y organismos fue descuidado y no se respetaron los reclamos de amigxs y familiares. Luego de cuatro años, el caso se reabre y apunta a un homicidio por parte de su última pareja –en España no existe la figura de transfemicidio-. Este año, en el Parque del Oeste, se homenajeó su memoria en el aniversario de su muerte y se exigió que devuelvan la placa con su nombre.

“Veneno” hace pasar por muchas emociones, pero lo que logra hacer con precisión es traernos a la mente a nuestras amigas, nuestras hermanas elegidas, amikas y mariconas en nuestra vida. Protegernos y alimentarnos de la libertad a la que aspiraba la ícono. Cristina se representaba a sí misma, pero sin saberlo ahora representa la realidad trans, la resistencia y ganas de vivir de todas las marikas. ¿Cómo se recuerda a las que se atrevieron primero? Con alegría y anécdotas, inventadas o propias. Si al final, atreverse es eso: inventarse una vida mejor. En un momento de la serie, una chica trans se acerca a Valeria y le dice “Cristina corrió para que nosotras hoy pudiéramos caminar”. Efectivamente la Veneno le dio la visibilidad a muchas chicas trans que vinieron después, de cualquier lugar del mundo. La noche en la que la vieron por primera vez le preguntaron qué era, ¿hombre o mujer?, la “travesti más hermosa de toda España” –como ella se autoadjudicó- respondió: “¿que yo qué soy? Un semáforo, mi alma”.

Fuente https://feminacida.com.ar/

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