La fortaleza del macho, ¿su kriptonita?

A raíz de dos tragedias marcadas por el suicidio en el mundo del fútbol y del rugby, esta nota. Filo.News habló con la psicóloga especialista en género Cintia Gonzalez Oviedo para tratar de entender por qué 8 de cada 10 suicidios en nuestro país son protagonizados por varones. 

Foto de la película "El club de la pelea".(Foto de la película "El club de la pelea".)
Foto de la película “El club de la pelea”. | Foto de la película “El club de la pelea”.

Durante estas últimas semanas dos deportistas de distintas disciplinas, fútbol y rugby, decidieron quitarse la vida y otra vez la masculinidad tóxica tiene el foco de atención. Si bien es momento de hablar de la importancia de la salud mental como uno de los pilares y desestigmatizarla para poder avanzar, analizar el facto de género – pretend to be shocked- también es clave.  

Porque sí, los movimientos feministas lo debaten y charlan cada vez que es posible ya que, así como ser mujer en esta sociedad es un factor de riesgo, ser varón también lo es. Pero vamos por partes porque la idea de este artículo es desarmar la idea de que los varones no lloran y explicar por qué esa falaz afirmación puede terminar en estos finales trágicos. 

No es novedad. Suena casi hasta concepto viejo afirmar que los hombres también pueden expresar sus sentimientos. De hecho, no solo pueden sino que en este camino de deconstruirse, deben hacerlo. ¿Pero qué tiene que ver esto con el suicidio? ¿Por qué los varones son quienes más se quitan la vida? 

El suicidio es un fenómeno masculino. La tasa entre hombres es al menos tres veces más alta que entre las mujeres y la causa principal de muerte en varones de entre 20 y 45 años. De hecho, en Europa se suicidan 4,9 mujeres de cada 100.000 habitantes y 20 hombres. En América lo hacen 2,7 mujeres y 9,8 hombres. Y el dato que falta es clave y doloroso: según los datos de la Dirección de Estadísticas e información en Salud (DEIS), perteneciente al Ministerio de Salud de la Nación, en nuestro país de cada 10 personas que se quitan la vida, 8 son varones. Esta gran diferencia entre los géneros habla por sí sola. 

¿Pero qué nos dice esta cifra? Para entender este fenómeno, Filo.News habló con la psicología (UBA) especialista en género  y ciencias del comportamiento, Cintia González Oviedo

Superman no existe 

“La construcción de la masculinidad tradicional desestima los aspectos emocionales y la afectividad desde la desde la infancia. Es decir, este típico mensaje de ‘los varones no lloran’ y que la emocionalidad es algo femenino, es parte de no solamente los estereotipos de género, sino que esto tiene una consecuencia directa en la construcción de las subjetividades de la masculinidad. Cuanto más emocional sos, más femenino sos o más percibido como femenino sos”, explica la especialista. 

Estas características adjudicadas a los géneros parecen meras pequeñeces pero frenar en estos puntos es necesario si queremos entender cómo se construyeron los varones del pasado, los del presente y los que vendrán. 

“Esto no es solamente una cuestión de diferencia. Sino que todo lo culturalmente ´femenino´ tiene una carga peyorativa. Es decir, que es un signo de debilidad e inferioridad. Lo afeminado, por ejemplo, tiene mucho que ver con con la demostración de las emociones”, agrega Oviedo.

Ahí va. Ese es el principal problema con los roles de género. Porque no son solo características sino insultos. “Pelear como una nena”, “llorar como una nena”“ser una mariquita”, son típicas frases que no sólo indican que nosotras somos más emocionales sino que serlo es el peor de los caminos. 

La construcción del varón como pilar fundamental del hogar no es nueva pero tampoco eterna. El sistema capitalista acomodó todas las fichas para que la familia tradicional sea la estructura base y en esas etiquetas, todo el sexismo. El varón blanco y heterosexual dueño de los medios de producción es el que jamás nunca de los jamases debe sucumbir ante las mieles del sentimentalismo y las lágrimas. 

Nosotras, en cambio, ocupadas con los quehaceres más mundanos y gratuitos como son las tareas del hogar y el cuidado de niñes y ancianes, sí tenemos permitido todo ese alboroto emocional. Por nuestras hormonas, por supuesto (y acá vale la aclaración que golpear una pared o “trompearse” con alguien, también es hormonal), pero además porque la palabra y la charla, el análisis sensitivo fue, durante siglos, nuestra herramienta para sobrevivir. 

Pensemos que hace apenas cien años casarnos era la única forma en la que podíamos ascender socialmente, por ejemplo. Entonces, claro, con quién íbamos a casarnos, de quién íbamos a enamorarnos, era importantísimo. De hecho, las cuestiones “del corazón” fueron toda nuestra historia, lo que para los varones eran las cuestiones laborales.  

“La responsabilidad afectiva o sobre la gestión emocional en las relaciones, o quién gestiona las emociones, por ejemplo, en las tareas de cuidado, siempre son tareas que no son acordadas sino que están implícitas. Esto lo tenemos totalmente inconsciente, esas funciones las ocupamos en general las mujeres, desde tareas de cuidado hasta una relación afectiva amorosa, donde la que se ocupa de la emocionalidad, de los planteos, de los reclamos, siempre son las mujeres”, agrega la psicóloga. 

“Nosotras hacemos la gestión de la afectividad en las relaciones interpersonales, con lo cual hay una base enorme que tiene que ver con el pensar e linkear que la salud mental es una pavada. Que la salud mental es algo para gente débil. Es un poco lo que se escuchó este fin de semana en ese video de Ruggeri donde como que sos poco macho si tenés que ir al psicólogo. Si tenés que ocuparte de tus emociones y lloras y sufrís, entonces la construcción de la masculinidad misma está sesgada”, explica Oviedo.

Las declaraciones de Ruggeri hicieron ruido. Sí. Si en el mundo de la producción la incorporación de mujeres aún es un tema lo saldado, en el deporte ni hablar. La idea del macho como parámetro del buen deportista, de seguir jugando aunque duela, también forma parte de la construcción del varón fuerte como ideal. 

¿Y de la salud integral cómo andamos?

La noción del cuidado está relacionada directamente al mundo “femenino” con todo lo que eso implica. Porque las mujeres no sólo nos ocupamos de los turnos médicos de les niñes o de las personas grandes sino que, la mayoría de las veces, entendemos al cuidado como parte fundante de la salud. 

Está demostrado que los hombres acuden menos al médico que las mujeres y que, inclusive, entienden al cuidado como una forma de debilidad. Forma que esta sociedad no le permite a un varón hecho y derecho. 

“Hay estudios científicos que tienen evidencia de que eso afecta no solamente la salud mental, sino también la salud física de los varones, porque no se ocupan tampoco de su salud física”, agrega la especialista.

El suicidio como objeto de estudio no es simple y asegurar que alguien terminó con su vida porque no fue a terapia tampoco sería una asociación correcta. Y aunque hay múltiples factores, la relación entre el suicidio y no expresar dolencias y no pedir ayuda, es directa.   

“Es difícil porque las tasas de suicidio y las tasas de afecciones de salud mental de los varones están incompletas. Es decir, no hay un registro de esas necesidades emocionales porque ellos no las expresan. Hay una desestimación de esas funciones y eso también afecta a las relaciones amorosas”, explica Oviedo.

Los feminismos, la salida

Fuente: blogsdiariovasco.com.
Fuente: blogsdiariovasco.com.

Por su condición de género los hombres viven entre 6 y 8 años menos que las mujeres. El consumo de alcohol, los enfrentamientos violentos con sus pares, las proezas y hazañas arriesgadas, son parte de la estructura social del varón y, además, su falencia a la hora de hablar de longevidad. 

Sucedió y sucede también a la hora de hablar de protección sexual, por ejemplo. Son ellos quienes se niegan en la mayoría de los casos a usar preservativo. Cuando surgió el VIH en Estados Unidos, una parte clave de la respuesta de salud pública fue instar a un uso constante del preservativo. Aunque el consejo tenía un sentido obvio, en algunos sectores de la población, la gente se resistió. Desde el campo de la medicina y la psicología comenzaron, entonces, a investigar qué sucedía detrás de esta resistencia.

Descubrieron que entre los hombres que tenían relaciones sexuales con mujeres, la masculinidad, otra vez, se asociaba con el rechazo al uso de condón. Esta ideología, que hoy en día la Asociación Estadounidense de Psicología define como un conjunto de estándares que incluyen la antifeminidad, evitar apariencia de debilidad, y conductas de aventura, riesgo y violencia, ciertamente moldeaban el comportamiento de rechazar algo tan básico como prevenir la transmisión de enfermedades.

Cuando los movimientos feministas hacen foco en la masculinidad tóxica, ergo, en este tipo de masculinidad hegemónica que impide a los varones el acercamiento al mundo de las sensibilidades y vulnerabilidades, lo que buscan es modificarlo porque, si bien el varón violento afecta directamente a la vida de todas las personas que se autoperciben mujeres, también juega en contra de la propia.

“Muchas veces hablamos de que el feminismo no es solamente luchar por las mujeres y feminidades, sino que también tiene que ver con todas aquellas afecciones del patriarcado sobre los varones. En este caso puntual sobre, por ejemplo, la tasa de suicidios de los varones, donde hay una gestión de la emocionalidad muy baja y unas expectativas del entorno demasiado altas”, finaliza Oviedo. 

Fuente FiloNews

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