Hoy María Elena Walsh cumpliría 91 años

María Elena Walsh sigue presente a través de su música y letras, se revitaliza en todas las generaciones que pudieron disfrutar de su obra y que hoy exige una una relectura por su lúcida reflexión y fuertes contenidos de coyuntura social y de lucha feminista. Hoy celebramos a la gran María Elena con un repaso de su vida.

Hoy celebramos a la gran María Elena con un repaso de su vida.
Hoy celebramos a la gran María Elena con un repaso de su vida.

“El que vive para nadie, sabés dónde va a parar: a torres de arena y humo y a su propio funeral.”

María Elena Wals nació el primero de febrero de 1930, en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires. Fue escritora, poeta, guionista, cantautora, compositora y dramaturga.

Imagen: Fundación María Elena Walsh. 1930 – Familia Walsh.

Como todo niño de clase media en esa década, Walsh se formó entre dos ámbitos opuestos: por un lado, los rigores de una escuela cada vez más autoritaria, y, por otro, una gran libertad en su hogar, con vacaciones muy felices, sumada a los primeros medios de comunicación masivos, que incorporaban lo mejor de la cultura popular.

Infinitas audiciones de tango o jazz, programas cómicos como los de la gran Niní Marshall (a quien María Elena llamaría muchos años más tarde “nuestra Cervanta”) se escuchaban devotamente al pie de una radio en forma de catedral. Eran también los años del comienzo del cine sonoro y de los “musicales”, la gran novedad: Fred Astaire/Ginger Rogers, Bing Crosby, Nelson Eddy y Shirley Temple, actores, bailarines y cantantes que fueron los primeros ídolos de María Elena.

Nadie se sorprendió cuando, llegado el momento de elegir el colegio secundario, Walsh prefirió la célebre Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, en el centro de Buenos Aires. Sí sorprendió que, ya desde los catorce años, comenzara a publicar poemas en medios tan importantes como El Hogar, el diario La Nación, los muy selectos Anales de Buenos Aires, que dirigía Jorge Luis Borges, o Sur, de Victoria Ocampo, obras que contribuyeron a consagrarla como una de las voces más intensas y originales de su generación.

Célebre por su literatura infantil, la producción artística de Walsh comenzó con el libro de poesías publicado a sus diecisiete años: “Otoño Imperdonable”, que le valió el reconocimiento de escritores e intelectuales, como los premios Nobel de literatura Juan Ramón Jiménez y Pablo Neruda.

Imagen: Fundación María Elena Walsh. 1948 – Primera edición de Otoño Imperdonable.

A los 21 años se embarcó, junto a la folklorista Leda Valladares, rumbo a París, donde difundieron el folklore de tradición oral con gran reconocimiento del público, grabando varios discos que presentaron en su regreso a la Argentina en una extensa gira y presentaciones en Canal 7.

Imagen: Fundación María Elena Walsh. 1954 – Leda y María.

Por esa época, comienza a componer para niños y graba, junto a Valladares, el famoso disco Canciones para Mirar (1960), que incluía canciones que son parte de la cultura argentina como El Reino del Revés, y Doña Disparate y Bambuco (1962) que dio vida a Manuelita, la tortuga.

Incursiona como guionista de televisión en programas infantiles, ganando un Martin Fierro. Estrena el espectáculo para niños “Canciones para Mirar” compuesto por una serie de canciones, poemas y cuentos breves que luego fue publicando tanto en libros como en discos marcando un hito en la cultura nacional.

En 1965 publica “Hecho a mano”, su cuarto poemario para adultos y tres años después estrena el espectáculo “Juguemos en el mundo” dirigido al público adulto y que influiría fuertemente en la nueva canción popular argentina.

Tomando elementos del folklore, el tango, jazz y el rock compone letras de alto contenido social convirtiéndose en un exponente de la canción de protesta latinoamericana de la época. El espectáculo teatral fue acompañado de un disco y en 1971 María Herminia Avellaneda dirigió la versión cinematográfica.

En 1978 decide dejar las presentaciones teatrales acosada por la censura del gobierno militar. Se vuelca al periodismo escrito destacándose el artículo que publicó en 1979 en el diario Clarín, titulado “Desventuras en el País Jardín-de-Infantes”. Por esos años publica crónicas de viajes por Europa y América junto a la fotógrafa Sara Facio, compañera de vida y proyectos artísticos de Walsh.

“Sara es mi gran amor que no se desgasta, sino que se convierte en perfecta compañía. A veces la obligué a oficiar de madre, pero no por mi voluntad sino por algunos percances que atravesé, de los que otra persona hubiera huido, incluida yo. Pero ella se convirtió en santa Sarita”.

Sara y Elena.

Supo desde chica cómo descorrerse de los mandatos. Se autoproclamó feminista cuando la palabra incomodaba y circuló espacios donde se debatía la opresión a las mujeres, mientras sus artículos, canciones y poemas fueron el refugio de la rabia, pero también el espacio para cantarle a la libertad.

“Las feministas no tenemos odio, tenemos bronca. El odio es cosa de hombres. Estamos hartas de odio, aunque venga empaquetado en sublimaciones y piropos. No hemos declarado la guerra, sino que señalamos que existe y tiene los años de nuestra civilización. Nos defendimos como pudimos , a veces con malas artes, por lo tanto es mejor que ahora parezca una guerra abierta, limpia, esta que declaramos contra todas las formas de la arrogancia machista. La guerrilla de la artimaña, el repliegue y la comodidad no hace sino reproducir series de esposas ‘achanchadas’ y madres castradoras”, escribía allá por 1973.

En 1981 enferma de cáncer, pero la vuelta de la democracia en 1983 la encuentra recuperada y participando en numerosos proyectos artístico-políticos en los ámbitos más diversos, siendo esencial su contribución en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC).

En 1991, publica “Novios de antaño”, una novela autobiográfica sobre la niñez en época de la década infame. Entre 1997 y 2004 presenta los libros infantiles: “Manuelita, ¿dónde vas?”; “Hotel Pioho’s Palace” y “¡Cuánto cuento!”.

Imagen: Fundación María Elena Walsh. 1990.

En 2008 aparece su último libro: “Fantasmas en el parque” una autoficción en la que confiesa miedos, anhelos y secretos sin dejar de lado su estilo lúcido, irónico y honesto.

Una vida premiada 

A lo largo de su vida recibió innumerables reconocimientos nacionales e internacionales: Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, Premio Konex de Platino y de Honor en Letras; Highly Commended del Premio Hans Christian Andersen de la IBBY (Dinamarca), el Premio Honor del FNA; Doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba, entre otros.

María Elena falleció el 10 de enero de 2011 en Buenos Aires, sus restos descansan en el panteón de SADAIC del Cementerio de la Chacarita.

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