“La victoria electoral contundente demuestra que en 2019 no hubo fraude pero sí golpe de Estado” @evoespueblo

A casi un año del golpe de Estado que pisoteó la decisión soberana del pueblo boliviano, las urnas confirmaron lo que se sabía desde hace mucho: la dictadura de Jeanine Añez carece de cualquier legitimidad popular y sus aliados de las fuerzas represivas, grandes corporaciones y sectores del poder concentrado de Santa Cruz, conspiraron para tumbar un proyecto constitucional con la complicidad de la OEA de Luis Almagro y del gobierno de Estados Unidos.

“La victoria electoral contundente demuestra que en 2019 no hubo fraude pero sí golpe de Estado” @evoespueblo, haciendo referencia a cuando la derecha festejó el golpe de Estado en toda la región. Sería interesante que nadie olvide a tantos bocones que en Argentina celebraron el golpe de Estado de noviembre de 2019.

Lo que se inicia ahora es otra etapa. Luis Arce será el nuevo presidente constitucional y deberá recuperar a un país saqueado y endeudado en menos de un año por los dueños del poder real. Con todas las contradicciones a cuestas dentro del MAS, con el peso enorme de la figura de Evo Morales como referencia política principal, pero también con un respaldo popular enorme por su triunfo en primera vuelta, Arce asume el desafío de lograr renacer la esperanza en su patria.

La única certeza es la derrota de la derecha boliviana: perdieron los golpistas, perdieron los racistas, perdieron los que hundieron a ese país en la pobreza extrema antes de la llegada de Morales al gobierno, perdieron los patrones de Santa Cruz y sus aliados, perdió la OEA y la embajada de Estados Unidos, perdieron también los siempre funcionales a la ofensiva golpista.

Cambia la etapa en Bolivia y altera la correlación de fuerzas a nivel regional: a la derecha le cuesta mucho ganar elecciones cuando no logra imponer su discurso de odio y resentimiento de clase, propagado siempre por sus aliados en los grandes medios hegemónicos. Esos sectores hoy tragan el veneno de su propia miseria.

El MAS, Luis Arce y los sectores populares le brindaron una poderosa lección en las urnas: el pueblo boliviano sabe lo que quiere, y pelea para recuperar la senda de la esperanza.

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