Un niño mapuche fue torturado por los carabineros de Chile

Su imagen se viralizó: doblado de rodillas mientras lo golpean y lo llevan a las rastras en una marcha contra la violencia. Unos días antes la PDI ya había irrumpido en su casa y detuvo a su madre: al defenderla lo golpearon en la cabeza con una pistola.Un niño mapuche fue torturado por los carabineros de Chile

(*) El nombre del adolescente fue cambiado para proteger su identidad

Grisel Fritz Ñancul (43) estaba conversando en su casa cuando escuchó el ruido de gente que correteaba en el terreno. Había sido un día especialmente tranquilo, con una sobremesa extendida después de cocinar una cazuela de pollo. Luego con Nora, su hermana, encaminaron a su tía Leticia a quien por su edad ya le cuesta caminar. Faltaban pocos minutos para la una y media de la tarde. Un llamado de su cuñada las alertó, varios uniformados recorrían el lugar y el huerto de arándanos que tanto trabajo les había costado.

Los niños se asomaron por la ventana. Fue allí cuando apuraron el paso y avistaron a un equipo de la Policía de Investigaciones (PDI). Nora les ordenó que salieran. De ahí en adelante, como ocurre en los momentos traumáticos, los recuerdos se vuelven borrosos. Le dijeron que buscaban a su hermano. Lo que sigue es un forcejeo, la cara de Nora contra una posa de agua mientras dos policías están sobre ella.

-Me cuesta respirar-, les advirtió ella y nadie la escuchó.

Nahuel de apenas 14 años trata de defenderlas, es el mayor de los niños, el único hombre en ese momento en la Comunidad Autónoma Likankura de Mulchén, integrada mayoritariamente de mujeres. La hija de Nora que apenas tiene doce años cree que van a matar a su mamá, tira golpes como puede, un policía hace el ademán de pegarle. Los adolescentes gritan, mientras dos niñas de un año y medio, quedan solas adentro de la casa.

niño mapuche

A Nahuel lo golpean en la cabeza con la culata de una pistola. Ya ha vivido experiencias similares, pero esta vez le pegan fuerte. También siente asfixia. Cuando la policía se lleva a su mamá, lo tienden de espaldas en una carreta, quizá es el shock o la sangre que corre profusa por su nariz. Insiste en que se está ahogando.

Algo se rompió en él ese día, dirá más tarde Grisel. Nada volverá a ser lo mismo.

En esta historia pocos saben que Grisel y Nora son lideresas de un territorio en recuperación: el fundo Ranquilco a seis kilómetros del río Renaico. Una semana después, en palabras de ambas, a Nahuel los carabineros lo reconocieron y por eso lo volvieron a golpear en la marcha contra la violencia a la infancia mapuche. Nahuel, como ellas, heredó la marca de quienes nunca más podrán vivir tranquilos.

-Yo miro a mi hijo y ahora él es otro, porque estaba siempre jugando o trabajando en el invernadero, buscando en su teléfono información para las tareas. Ahora está lleno de rabia, de odio, se enoja por todo, sabe que pueden volver-, confiesa Grisel.

Si Nahuel fuera un niño winka (no mapuche), quizás jugar bien al fútbol y sacar buenas notas en el colegio serían sus únicas preocupaciones. Pero a su corta edad, ya le salvó la vida a su tía Nora cuando un guardia de la Forestal Mininco casi le cercenó el seno derecho. También ha visto a su familia atacada y herida con perdigones, y a sus primos padecer lo mismo que él: las pesadillas, la irritabilidad, el odio a Carabineros. Es decir, los efectos cronificados de tanta violencia.

La foto apareció en todas las redes sociales, un efectivo de Fuerzas Especiales tiene a Nahuel por el cuello, en otras fotos aparece con el brazo alzado y lo que tiene empuñado en su mano derecha no es una piedra, ni una molotov, es una manzana. Su cuerpo enjuto es abandonado a un perro callejero que lo muerde en la pantorrilla, en el video se cuentan más de siete efectivos para contener ese niño. Él cierra los ojos por el dolor.

La imagen nadie la olvida. Ocurrió en una de las esquinas de la Plaza de Armas de Temuco, entre empujones y golpes su cuerpo arrodillado frente al policía parece una pintura renacentista, pero es verdad, está ahí y duele. Nahuel es un niño, pero está cansado de esa vida.

Es la marcha en contra de la violencia hacia la infancia mapuche y lo irónico es que decenas de niños fueron gaseados y perseguidos. Nahuel fue subido al carro policial cerca de la una de la tarde y lo soltaron a las cinco y media. Grisel recibió la llamada de una lamien, ella estaba junto a otros comuneros intentando dejar una carta al intendente de Temuco para pedir el cese de la violencia policial.

-¡Aló, Grisel, tienen a tu hijo, lo tienen!-, le informaron. Lo buscó entre la gente, pero ya lo habían llevado.

Grisel tienen dos vidas, es hija de un winka criado como mapuche y una mamá que la acercó a la cosmovisión de su pueblo, vivieron en la comunidad Miguel Huentelén hasta que ella cumplió 17 años y su hermana 19. En ese momento la familia se asentó en Santiago y ambas trabajaron como asesoras del hogar. Ese es un tiempo oscuro en esa especie de vida pasada. Palparon el maltrato, una que otra patrona prejuiciosa, echaban de menos el campo y su tan preciada libertad.

-“Mira, ahí está tu gente quemando camiones”, me decían y no queríamos vivir más así, juntamos plata y volvimos, nuestra bisabuela era dueña de un predio y decidimos recuperarlo-, dice.

Al principio pidieron trabajo en la Forestal Mininco y Griselda le dijo a su hermana que pelearan por sus tierras.

-¡Qué tenemos que andar mendigando a estos winkas!-, la animó.

Ese predio es justamente el disparador de tanta violencia, mencionan a Oscar Arriagada Domínguez, el terrateniente que arrienda el fundo a la familia Veloso. La recuperación se extendió a territorios de la Forestal Mininco y en ese proceso también han enfrentado otras violencias.

Oscar Arriagada es el mismo nombre que aparece varias veces en las entrevistas de la familia Ñancul o los “Ñancules”, como los conocen en Mulchén. Al profundizar en esta historia también hablan del hermano de Óscar: Samuel Arriagada Domínguez, otro conocido terrateniente de la zona, famoso por ser parte de Patria Libertad. Según el sitio Memoria Viva, participó junto a Rolf During Pohler, José Horacio Pacheco Padilla y el teniente de Carabineros Jorge Maturana, en un grupo de uniformados y civiles que secuestraron y desaparecieron a más de veinte personas en la zona durante el golpe de Estado.

Allí también citan un artículo de La Nación Domingo del año 2008, donde se relata que esos crímenes fueron parte de una venganza que horrorizó a comunidades enteras. Tras el golpe de Estado, aliados con militares y la policía uniformada, varios civiles eligieron sus víctimas al dedillo, asesinaron impunemente a campesinos y trabajadores.

Junto al movimiento de ultraderecha Patria y Libertad, actuaron disfrazados con indumentarias de guerra, preparados y decididos a exterminar a quienes defendieron los derechos de los explotados. También ejercieron tareas paramilitares contra comuneros mapuche.

Algunos de estos civiles, autores de las masacres en dictadura, todavía se pasean por los mismos lugares que habitan los familiares de las víctimas. Se extiende ese encono ancestral.

Esos es justamente lo que denuncian las hermanas Ñancul.

-Óscar Arriagada es violento como su hermano y le arrienda el terreno a la familia Veloso. Ese hombre es quien siempre nos ha intimidado, lo hemos visto pasearse con una arma y Carabineros no le dice nada, ellos siguen teniendo poder en la zona, ellos son quienes mandan la policía a nuestra casa-, comenta Grisel.

Así lo confirma también el abogado del Centro de Investigación y Defensa Sur (Cidsur), Sebastián Saavedra.

Dice que el tema de las violaciones de Derechos Humanos no es una situación extraña en la región. Existen otras causas similares como la del doctor Hernán Enrique Aravena, quien fue asesinado en la base aérea de Maquehue y atendía a las comunidades en Temuco.

Así quedó registrado en el Informe Rettig, donde se reconocen una serie de causas de civiles que participaron con militares que ejecutaron y desparecieron gente, muchas de esas víctimas eran líderes mapuche.

-Una de las situaciones que se consideraba ´especial´ en el informe es que aún en la actualidad los autores de estos hechos continúan siendo vecinos de las víctimas, de los comuneros. Eso se puede ver en este caso, donde violadores de Derechos Humanos son vecinos de las hermanas Ñancul-, explica el abogado.

Nora tiene el pelo azabache y los ojos tristes, que también se pueden reconocer en su hermana. Grisel la define como una mujer en extremo fuerte, es mayor que ella por dos años. En el video de la PDI, cuando allanaron su casa, ella aparece boca abajo. Lo que pocos saben es que a ratos sentía que perdía el conocimiento y luchó por cada bocanada de aire en esos minutos que se le hicieron eternos.

Nora a sus 45 años tiene varias cicatrices que hablan de lo que ha soportado. La más grande mide 12 centímetros y está ubicada en su seno derecho, marca que le quedó tras sobrevivir al ataque con motosierra, otras heridas son perdigones, en ambas pantorrillas.

niño mapuche 2

El 23 de Mayo del 2015, pasado el mediodía, junto a un grupo de vecinos de la comunidad, llegaron hasta el Fundo San José Oriente, ubicado al norte del río Renaico, frente al cerro Pilguén. También iban ancianos y niños, fueron a impedir siguieran las faenas nocturnas de astilladoras, camiones y grúas de la Forestal Mininco. Apenas podían pegar un ojo en las noches, debidos a los ruidos metálicos y estridentes.

Minutos después llegaron carabineros y la Policía de Investigaciones. Además de ellos, habían aproximadamente cinco trabajadores de la forestal.

Esperaron un par de horas la llegada del jefe de área en la obra, hasta que decidieron volver a la comunidad.

El werkén Ismael Navarrete fue el último en irse del lugar, pero en los recuerdos de Nora, el hombre fue reducido e inmovilizado por la policía y fue detenido. En ese momento llegaron patrullas y efectivos de Fuerzas Especiales. Les cerraron el paso a las mujeres, niños y adultos mapuche, siguió el gas lacrimógeno. Todos huyeron, también Nora. Fue impactada con siete perdigones metálicos en ambas piernas. También fue arrastrada por el ripio hasta que le rasgaron la piel de la espalda y le propinaron golpes de pies y puños

Su hijo Maximiliano la asistió y desesperado se sacó la polera para vendar las heridas que sangraban. Nora estuvo hospitalizada diez días.

Pero lo ocurrido del 10 de septiembre de este año fue diferente, ver a su hija, a quien también golpearon, la ha hecho sentirse desganada, extrañamente, dice, esta vez ha tratado de mantenerse al margen. También está cansada. Cree que desde que empezaron la recuperación de tierras han sido perseguidas y maltratadas. Sabe que como en otras ocasiones, la gente olvidará lo que vivió su sobrino, lo que han vivido como familia, lo que viven las comunidades a diario.

-Nunca había pasado por algo así, no me he sentido bien estos días, por eso estoy tomando calmantes-, confiesa.

Dice que la querella que documentó lo que pasó el 2015 -que incluso recogió el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH)- quedó en nada.

A esos dolores, se suma la pérdida de su hijo Maximiliano el día 1 de abril. Tenía 17 años y padecía de leucemia. Grisel la consuela porque en la toma del predio pondrán un chemamull en su honor.  “Maxi”, fue testigo de todas las batallas de Nora y Grisel, y también creció de golpe como su primo.

La segunda hija de Nora es menor que Nahuel por dos años. En esa crianza en comunidad ambas hermanas llaman “hijos” a sus sobrinos, allí no hay distinción en ambas maternidades. Por eso cuando Nahuel vio a su tía con el rostro hundido en el barro, quiso defenderla.

 – Boca abajo, en la posa, recibí una patada en el mentón y pensé que me iba a morir, se me cortó la respiración, pero en un momento escuché a los niños-, recuerda.

Era Nahuel que corría y peleaba con todas sus fuerzas, le gritaba a la policía que soltaran a su tía. Pedía que no la mataran.

Fuente http://cosecharoja.org/

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