La erotización temprana de las niñas es violencia de género

La erotización temprana de las niñas es violencia de género

Erotización

A diario pasamos por comercios de ropa infantil y vemos toda una gama de vestuario que parece «copado» a instancias de imitar atuendos de personas adultas.

Por María Laura Razzari*

Imagen de Portada: Mariana Baizan

La erotización temprana de las niñas es violencia de género

Este aparentemente simpático criterio comercial se profundiza y diversifica hasta el infinito en modelos de prendas para niñas que copian la ropa de mujeres adultas incluyendo rellenos en los copriños, colores oscuros destinados a la seducción, bombachitas que dejan la colita al aire etc,. etc.

Lejos está esta editorial de la pretensión moralista de intervenir en la libertad sexual de las personas.

Cerca está de la imperiosa necesidad de denunciar que la adulteración de la autopercepción de les niñes por efectos de la cultura, más los intereses perversos del mercado, son una de las violencias de las que sin saber, lxs adultxs se vuelven cómplices y dañan a sus seres más amadxs: sus hijxs,sobrinxs, nietxs, ahijadxs, etc.

En este escenario las principales damnificadas son las niñas.

Ellas aprenden muy tempranamente cuáles son los estereotipos obligatorios a cumplir para ser bellas, asumiendo que la aceptación externa es vital para sus existencias, que es la esencia del éxito y la razón para ser amadas.

Aprenden así desde el minuto cero a perderse de vista a sí mismas, a no ejercitar el autoconocimiento, el desconocimiento de la autodeterminación sobre lo que les gusta, las identifica o les resulta cómodo para vivir a pleno sus vidas de niñas que deberían estar mucho más preocupadas por el juego que por la seducción, la delgadez, la belleza y todo tipo de mandatos que sólo las inscriben en la política de «Ser Para Lxs Otrxs», en especial otrOs, varones o lo que representa el «paladar masculino».

La erotización temprana de las niñas es una política de control y sujeción ideológica de las mujeres desde muy temprana edad a roles de género, formas de estar en la vida que conllevan también un estatus político.

No encajar en los estereotipos por razones de identidad de género, orientación sexual, condiciones metabólicas, discapacidades u otras yerbas determinan para un número infinito de personas -y en especial niñas, púberes y adolescentes- las oportunidades de inclusión, de pertenencia, de aceptación de los entornos hasta llegar a convertirse en el obstáculo principal para el acceso a las posibilidades de desarrollo adulto en términos de inserción laboral, relaciones sexuales, relaciones de pareja y todo tipo de vínculos inherentes a la estructura social de la que formamos parte.

Este fin de semana conversaba con un grupo de mujeres madres que no consiguen trajes de baño no erotizados, para sus niñas que los necesitaban para ir a una colonia de vacaciones.

La desazón de esas mamás laburantes que no tienen tiempo ni práctica ni una máquina de coser para poder paliar la situación de sostener los principios políticos con los que han elegido llevar adelante la crianza, por verse coaccionadas por un mercado patriarcal que las obliga a comprar productos, en el apuro de la necesidad de que sus hijas no se pierdan la oportunidad de disfrutar del verano, del entrenamiento físico de la actividad acuática y la socialización: todos derechos vinculados a la salud y al desarrollo de la niñez y la adolescencia.

Madres atrapadas en esta preocupación de cómo zafar de un mercado patriarcal capitalista y opresor, que nos vende lo que le importa a un modelo de sociedad que nos educa en la cosificación, en el estar en el mundo para agradar y no para ser nosotras mismas.

No es curioso: era una charla de madres, de mujeres, no había varones en el hilo de la conversación.

Nada es casual.

Somos nosotras las que nos defendemos como gatx entre la leña de la maraña de mandatos que nos condenan a la bulimia, la anorexia, la eterna disconformidad con nuestros cuerpos, la aflicción por agradar y la convicción impresa en nuestro inconsciente de que el éxito y el amor son méritos asociados a la subordinación a los intereses, gustos y reglas puestos por un orden que previamente tiene decidido hasta dónde dejar llegar a las mujeres en todos los ámbitos.

Algo tan simple como no conseguir mallitas para la pileta nos hizo poner de acuerdo en organizarnos para producir prendas liberadoras de mandatos patriarcales a nuestrxs hijxs.

Ya le pondremos manos a la obra porque el mercado no se llevará puestos los derechos del desarrollo en plenitud de las infancias y las adolescencias mientras las madres feministas estemos organizadas, articulando saberes, experiencias, convicciones, máquinas de coser y telas para resistir una vez más este mundo estructurado en la sujeción de nuestras cuerpas destinadas a todas las violencias.

*Concejala Feminista mandato Cumplido. Forja Chivilcoy. Presidenta de la Asociación Civil contra la Violencia de Género Maltratocero. Referenta zonal de la Red de Alto al Tráfico y la Trata (RATT).

Fuente Diario Digital Femenino

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