MIENTRAS LOS DUEÑOS DE LA PLAZA NO ESTÁN (Parte II)

MIENTRAS LOS DUEÑOS DE LA PLAZA NO ESTÁN (Parte II) columna del Licenciado Carlos Masala

Mientras los dueños de las plazas no están, los usurpadores, esos oscuros habitantes de las marchas del odio buscan la excusa, un argumento para canalizar su resentimiento y frustración. Son oposición en busca de alguna causa. Por un momento se sienten pueblo, la reencarnación de Marianne, -la que lleva los senos descubiertos y es símbolo de la Revolución Francesa-. Porque entre ellos hay muchos que dicen ser republicanos (afrancesados claro). Pero en ese afán de amontonamiento, para juntar los suficientes como para que el noticiero diga que hubo una protesta multitudinaria, aglutinan y amontonan neonazis, antivacunas, libertarios, homofóbicos, antisemitas y toda una fauna que como daría Serrat :

“Si no fueran tan temibles nos darían risa. Si no fueran tan dañinos nos darían lástima”.

26-08 Rio Grande, convocatoria nacional contra la Reforma Judicial

En tiempos de pandemia se han subvertido algunos escenarios simbólicos.  Por ejemplo, Sebastián Piñera, -durante el Toque de Queda decretado por él mismo-, pudo caminar sin custodia por la Plaza de la Dignidad, que se había convertido en el bastión de la lucha del pueblo chileno, que ya tenía en jaque a la desdibujada gestión de “el modelo chileno”. 

En este escenario, con del pueblo responsable en sus casas, las marchas, los cortes y la simbología que representaba la protesta popular hoy están en las manos de aquellos a quienes estaba dirigida la protesta. Ciegos de odio, los violentos legitiman acciones, que ellos se encargaron de criminalizar para resguardar sus privilegios. 

Pero, vueltos a la normalidad, cuando regresen los dueños de las plazas, no se podrán escandalizar porque Marianne exhiba sus senos, mucho menos porque marchen las organizaciones sociales. Ya que ellos legitimaron esta práctica política.

En una situación de excepción, una pandemia, puede ser propicio aunque amoral, que por un instante se agite el odio más diverso, alimentar a los monos atávicos por alguna estrategia, bajo un interés político o empresarial. Pero semejante despliegue de violencia (por ahora solo simbólica) puede ser contraproducente. Tal vez guiados por el miedo, apremiados a jugar una carta que los desenmascare, que responda a la necesidad de sacar de agenda las múltiples causas que preocupan al poder real. Aquel de los golpes cívico-militares… los de siempre. 

Detrás de estas imágenes de violencia hay ignorancia y estupidez, odio y miedo, pero también hay intencionalidad y ciencia de la manipulación de masas. 

Crece una ultraderecha en el mundo, sus métodos son idénticos. Su ideología: el odio en todas sus formas, incluso contradictorio y disparatado.

El contexto de la pandemia les ha resultado propicio para hacerse visibles y mostrar su esencia violenta y autoritaria, tal vez porque es todo lo que tienen y en el fondo temen perder los privilegios de unos pocos y terminar su existencia a la francesa, pero como María Antonieta.

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