Economía Política Argentina: Las fracciones del capital durante el peronismo

El Licenciado Emiliano Parodi, presenta su columna de Economía Política Argentina: Las fracciones del capital durante el Peronismo.

Dado el carácter anti oligárquico y antiimperialista del peronismo en el plano político, se suele asumir que el capital extranjero industrial, a la inversa que las fracciones del capital local, fue acentuadamente perjudicado durante la segunda etapa de la primera ISI. Sin embargo, la presencia de esta fracción del capital no fue para nada marginal en la producción industrial. El capital extranjero que se insertó en el país realizando inversiones extranjeras directas (la forma típica qué adoptaron las subsidiarias extranjeras en el país) percibió y los años del peronismo las utilidades totales más elevadas, no solo entre 1940 y 1975 sino desde el momento en que existen registros históricos  en el país (1912).

Al comparar el promedio de las utilidades totales percibidas por este tipo de empresas en el período 1946-1953 con otro período de auge (1958 y 1964 cuando el desarrollismo sienta las bases de la segunda ISI) se comprueba que durante el peronismo las utilidades fueron un 27% más elevadas que en el período siguiente. En dólares de 1975, las utilidades del período peronista  fueron de 520 millones contra 409 millones del período desarrollista. Sin embargo, pese a esta importante masa de utilidades, las empresas extranjera solo se limitaron a reinvertir parte de esas ganancias, sin efectuar nuevas inversiones en la economía. Esa situación contrasta con lo que ocurriría en el desarrollismo, donde la mayor parte de la inversión neta se originaba en nuevos flujos de inversión extranjera directa y no tanto en reinversión de utilidades.

Si se analiza cómo fueron evolucionando las utilidades percibidas por el capital extranjero puede observarse que las utilidades distribuidas en efectivo representan el 81% de las utilidades totales, lo que significa que las reinvertidas alcanzaron solo el 19% del total. Las utilidades totales percibidas por el capital extranjeros entre 1946 y 1953 fueron equivalentes a casi dos años de exportaciones e importaciones, a más de cuatro veces el saldo total de la balanza comercial del período en cuestión y más de dos veces y media las reservas de oro y divisas de las que (en promedio) dispuso el Banco Central. Inclusive, estas utilidades fueron mucho más altas que el costo del Primer Plan Quinquenal (si bien no hay una cifra exacta la estimación de Robert Potash ronda los U$D 1.270.000), lo cual demuestra la importancia de asumían las utilidades de esta fracción del capital en la economía Argentina.

Llegado este punto, es necesario aclarar que la política económica del peronismo no tenía por objetivo promover el capital foráneo en la industria, pero si entendía el peso de este actor en la producción manufacturera. Sin duda alguna, el objetivo primordial era consolidar la burguesía nacional y buena parte de la oligarquía diversificada por considerarla parte integrante de la misma. El peronismo llevo adelante una política que concluyó con la economía agroexportadora tanto en términos estructurales (mediante la estatización de la infraestructura) como financiera (apropiándose de la renta agropecuaria mediante una restructuración de los precios relativos). Esta política no implicó una reforma agraria que modificara la propiedad de la tierra, pero las políticas que aplicó tuvieron un efecto de desconcentración de la propiedad agraria, el cual sería revertido en las décadas posteriores. La presencia oligárquica en la política peronista estuvo ligada más bien al salto cualitativo que registró la oligarquía diversificada como fracción empresaria industrial (excluyendo claramente a la fracción terrateniente).

Un rasgo característico de del peronismo fue el de acentuar la presencia de las empresas y organismos estatales en la producción industrial. En principio, estos actores eran los encargados de abrir el camino hacia un mayor desarrollo de la industrialización mediante la incorporación de la industria pesada en la estructura productiva del país. Sin embargo, cuando se analiza la importancia cuantitativa de dichas empresas y organismos, se comprueba que la misma fue escasa a pesar de su incremento en la participación. Así, estas empresas pasaron de explicar, en 1947, el 3.6% de la producción industrial, a representar el 9.5% en 1954. Es decir que las empresas que debían ser las más pujantes del sector, terminaron teniendo una baja incidencia en la producción, debido a la escasez de recursos disponibles para llevar a cabo los grandes emprendimientos. Estos recursos existían en la economía, pero fueron apropiados por otras fracciones del capital.

Esta configuración jerárquica del capital implicó que, cuando las rentabilidad obtenida por las fracciones industriales dominantes empezaran a bajar, se estableciera una ofensiva política, ideológica y económica para instalar socialmente la convicción de que el problema radicaba en los excesivos gastos estatales, y en el elevado nivel de los salarios. Es importante marcar que la baja en la rentabilidad implicaba un retorno, entre 1952 y 1953, del 17/18%, el cual era bajo si se lo comparaba con la “época de oro” en 1949 donde la rentabilidad era del 40% del capital invertido. Al final del peronismo, la industrialización quedó fortalecida pero trunca como eje del proceso económica.

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