Columna de opinión: ¿Posverdad, sesgo de confirmación o pereza mental?

¿Posverdad, sesgo de confirmación o pereza mental? por @CarlosMasala


La mentira no es un fenómeno nuevo. Lo novedoso es el empleo sistemático de la mentira utilizando los medios masivos y las redes sociales para la construcción de una cierta realidad. De lo que se trata es de poner en duda lo obvio, negar lo que está a la vista. «Mentir, mentir, mentir hasta que exista otra verdad”, sería la versión 2.0 del enunciado del tristemente célebre ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels. Hoy tampoco escapa a casi nadie que no hay una verdad absoluta, hay solo consensos temporales contenidos en cada cultura. Ahora bien, ¿un escenario complejo requiere de estructuras complejas de pensamiento para desentrañar cómo funcionan? Analizar un fenómeno sociopolítico singular requiere, ciertamente, de un gran esfuerzo y de un conocimiento del tema en cuestión. Y acá puede estar una de las claves de la posverdad: ¿queremos hacer ese esfuerzo o preferimos disfrutar de esa “otra verdad” que se nos ofrece? Al fin y al cabo, todos los sistemas tienen una tendencia al ahorro de energía. Y aunque la complejidad se resuelve con mayor complejidad -nos dice Niklas Luhmann-, el equilibrio de nuestra psiquis parece optar casi siempre por la simplicidad.


Por eso resulta apropiado ofrecer una cantidad de soluciones simples y preelaboradas (bajo la forma de estereotipos) a problemas singulares y generales. Pero una gran cantidad de cosas simples, sin embargo, no equivale a una gran cosa compleja. En otros términos: la abundancia de información y opiniones no conduce a la comprensión sino a todo lo contrario. Cientos de artículos que hagan visible el problema de los inmigrantes, por ejemplo, no alcanzan para explicar la construcción del chivo expiatorio en el Otro cultural (como tampoco ciento cuarenta caracteres pueden explicar un concepto complejo). Dice el diccionario de Oxford sobre la posverdad: “… circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. ¿Es entonces en el manejo racional de la emoción donde el sujeto deja de pensar-se para ser pensado por otro? Si el mito se legitima en el ritual a través del divorcio entre la “la cosa” hacia el “símbolo”, ¿puede quien maneja lo simbólico alterar la percepción de la cosa reificada? En el prólogo de Ecce homo Nietzsche se pregunta: “¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad osa un espíritu?» La verdad de la posverdad resuena a modo de respuesta: “Mentime que me gusta”


Seguramente el lector suspicaz y crítico, esa pequeñísima minoría, sabrá entender cuál de estas dos notas miente. El resto no se sorprenderá cuando vaya al almacén y pague el aumento que autorizó el gobierno.

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