Primera Fase del proceso de industrialización por sustitución de importaciones

El Licenciado Emiliano Parodi, presenta su columna, sobre Economía política Argentina.

Primera Fase del proceso de industrialización por sustitución de importaciones (1930-1943)
La visión histórica tradicional sostiene que el desarrollo de la industria argentina se originó en la
década del treinta con la caída de la bolsa en Estados Unidos. Si bien se acepta que existía desde
mucho tiempo antes un cierto grado de desarrollo industrial, se asegura que el crecimiento de
este sector en su forma moderna se produjo como consecuencia de las dificultades en el
comercio internacional. Esta situación generó un mejoramiento de los precios relativos de los
bienes manufacturados producidos localmente. Además, la aplicación conjunta de una política
económica destinada a mantener el nivel de la demanda interna derivó en un crecimiento
inédito en la rentabilidad industrial en oposición al sector agropecuario. La consecuencia de este
cambio en las posiciones relativas entre el sector industrial y agroexportador dio origen a una
transferencia interna de recursos en favor de los bienes importables. Esta transferencia fue la
que permitió el crecimiento de la industria local.


Sin embargo, al analizar los hechos con mayor detalle es posible formular una concepción más
compleja que la tradicional, que sugiere la necesidad de apreciar el fenómeno con más cautela
y dentro de un proceso de evolución que arranca muchos años antes de la década en cuestión.
Así, es menester analizar dos efectos resultantes de las medidas anticíclicas tomadas en la
década del treinta y del bloqueo relativo del comercio exterior de esos años: el “efecto reajuste”
y el “efecto transferencia de ingresos”. El efecto reajuste resultó de la mayor utilización de la
capacidad industrial preexistente; y el efecto transferencia implicó la ampliación de la capacidad
de producción manufacturera como resultado de la reorientación de los recursos locales. Estos
dos fenómenos nos indican que, por un lado, existió en el entramado productivo argentino una
base industrial que se encontraba en cierta medida ociosa (que pudo ser activada), y por el otro,
una importante transferencia de recursos al sector industrial que fomentó la inversión y
expansión del sector.


Otro elemento importante a considerar es que la expansión de la capacidad del sector solo pudo
haberse realizado a partir de la segunda mitad de la década del treinta, período en que mejoran
las condiciones del comercio internacional. Además, en dichos años, para que tuviera lugar el
efecto transferencia de recursos, el estímulo debió haber estado ligado a: la formación de
empresas abastecedoras de las filiales extranjeras (que se establecieron localmente eludiendo
las barreras cambiarias); o a la formación de empresas locales (dependientes de des tecnología
y capital de las empresas extranjeras). Este sistema es el resultado de los arreglos bilaterales a
los que fuera forzado el país como consecuencia del pacto de Londres (Roca-Runciman).
Según se observa en la información de la CEPAL para la época, durante los treinta el sector
industrial continuó creciendo según las tendencias de períodos anteriores. La tasa de
crecimiento de la capacidad industrial es por lo menos igual o aún mayor para el período 1911-
1929 que para el período 1929-1939, esto demuestra una continuación de una tendencia previa
y no inédita. Por su parte, si bien las tasas de crecimiento muestran una mejoría a final de la
década, no es mucho mayor a la tendencia de las décadas previas. El Censo Industrial de 1935
mostró que, en ese año, el 78% de la producción industrial todavía se llevaba a cabo en firmas
establecidas antes de 1930. Además, el 66% de los establecimientos industriales establecidos en
el país habían sido fundados antes de 1930. Incluso todavía en 1946 (según el Censo Industrial
de dicho año), el 60% de la producción industrial se llevaba a cabo en establecimientos fundados
antes del 30.


Así, para poder entender en qué consistió el desarrollo de la industria es necesario examinar los
cambios en la composición del producto manufacturera. Allí, puede observarse que existe una
cierta tendencia a declinar la participación en el producto industrial de ramas como alimentos y
bebidas, calzado e indumentaria, maderas, cueros, y minerales no metálicos. Las ramas del papel
en imprenta i publicaciones, después de haber expandido su participación en la década del 20,
tienden a declinar en la década siguiente. Las ramas de productos químicos y petróleo expanden
su participación lentamente siguiendo una tendencia ya instaurada desde antes en el sector. Las
únicas ramas qué ofrecen cierto “despegue” son los productos metálicos y especialmente los
textiles. Esto demuestra que, si algo cambio sustancialmente aspecto del pasado, fue la fuerte
expansión de la producción textil. Esto resulta importante si tomamos en cuenta que esta
actividad era la de mayor competencia dada la instalación de empresas inglesas y
norteamericanas (y algunas nacionales con patentes y/o maquinaria norteamericanas).
También debemos analizar la inversión bruta fija en el sector manufacturero, la cual alcanzo, a
partir de 1900, tres picos máximos: uno en 1913, otro en 1929/1930 y por último en 1937. Por
otra parte, la tasa de crecimiento más elevada de la inversión en el sector industrial corresponde
a los años 1923-1929. Los picos alcanzados en materia de inversión en construcciones para uso
industrial alcanzan también un pico en 1930, el cual no va a alcanzarse hasta 1946. Entre los
años 1924 y 1930 se produce la inversión más amplia en maquinaria y equipos del sector
industrial hasta la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, Guido Di Tella y Manuel Zymelman
señalaron: “Uno de los hechos más interesantes está reflejado en la serie de importaciones de
maquinarias industriales, cuyo promedio desde 1920 a 1930 es el más alto jamás registrado en
la historia Argentina para un periodo de 10 años, así como el que va de 1925 a 1930 que también
es más alto que cualquier otro período de 5 años. Los dos periodos de promedios más altos que
siguen son 1947-1951 y 1909-1913.” (Di Tella y Zymelman “las etapas del desarrollo argentino”
1967)


El proceso de inversiones señalado introdujo cambio de fondo en la composición de la canasta
de bienes producidos por el sector como en la tecnología utilizada. Dichos cambios no pueden
haber sido ajenos a la oleada de empresas internacionales (especialmente norteamericanas)
que llegaron al país en la década del veinte, introduciendo nuevos bienes y formas de
producción y organización. El crecimiento el sector que se observa en la segunda mitad de la
década el treinta, también parece hallarse ligado a una fuerte corriente de inversiones
extranjeras de tipo directo. En la década del veinte si inicia una corriente de fomento y
protección a la industria anunciada en el mensaje del presidente Alvear, en 1923, y confirmada
después con la mejora en la protección aduanera. En el mismo período puede observarse
también una significativa afluencia de modernas firmas industrial extranjeras y el desarrollo de
firmas locales que encaran la producción de nuevos bienes con el apoyo financiero y técnico de
firmas internacionales. Entre 1936 y 1938, el país recibe otro impacto de inversiones extranjeras
directas, pero las nuevas empresas que ingresan al país ya encuentran el campo preparado por
la inversión anterior de los años veinte.


En base a lo antedicho, es difícil determinar con precisión cuando el flujo de empresas
industriales extranjeras y cuántas se instalaron realmente para producir en el país, y cuántas con
la intención de facilitar la importación del país de origen. El consenso general parece coincidir,
en que la oleada comienza aproximadamente en 1924, pero qué recién entre 1926 y 1930 se
descarga el impacto principal. Adolfo Dorfman señala que en la última parte de la década de
1920 en la Argentina se percibieron claramente signos de renovación en el sector manufacturero
que provenían de las industrias ya instaladas en el país. En 1910 los extranjeros controlaban la
gran mayoría de los establecimientos industriales más grandes: molinos de harina, refinería de
azúcar, producción de vinos, frigoríficos, etc. esto representaba alrededor del 36% de capital
invertido en toda la industria Argentina. Así para 1937 la inversión extranjera en la industria
representaba algo más de la mitad del capital total invertido en la industria nacional.
Dos condiciones fueron esenciales para que se facilitara el desplazamiento de las empresas
tecnológicamente avanzadas, conservando la posición oligopólica qué detentaban en los
respectivos países de origen: la seguridad de un mercado local en vías de expansión con una
protección arancelaria adecuada; y la preservación de los derechos de exclusividad sobre
tecnología y marcas por la vía de las patentes. La primera condición Se alcanzó en 1923 cuando
el presidente del Alvear elevó los precios oficiales de avalúos sobre los que se calculaba los
gravámenes aduaneros, con lo cual se lograban una mejora en la protección. Adicionalmente,
existieron otros elementos importantes que contribuyeron a la instalación de empresas
extranjeras como: el fuerte crecimiento y la estabilidad del economía Argentina de aquellos
años, la clara política de “laisse faire” llevada adelante por el presidente Alvear, la existencia de
un mercado progresista, pero esencialmente controlado por el Reino Unido.


A partir de 1933, con la entrada del equipo de Federico Pinedo a la conducción económica del
país (qué dura prácticamente 10 años), se diseña, o se acepta el diseño, de una nueva
formulación económica. En esta época las políticas económicas aplicadas estarán ligadas al ciclo
y a los efectos de la política imperial británica. La estrategia del equipo económico se apoyaba,
especialmente, en dos tipos de medidas: estructurales y anticíclicas. Las primeras estaban
llegadas a las negociaciones con Gran Bretaña. En estas negociaciones se logra, dentro del
contexto ver intercambio bilateral, asegurar una parte del mercado británico de “chilled” (fríos)
para los ganaderos argentinos a cambio de facilitar el acceso a las importaciones británicas hasta
dónde alcanzará las divisas provenientes del comercio de exportación con aquel país. Por su
parte, las medias anticíclicas se daban en favor de la industria local (mediante una demanda
interna y abastecimiento de insumos importados) tenían por fin preservar los puestos de trabajo
y atraer capital extranjero al sector industrial del país.


El resultado fue que Gran Bretaña fuerza a la Argentina a una política comercial de neto corte
bilateral. La divisa disponibles, por la vía del control cambiario (instalado como consecuencia del
pacto Roca-Runciman), son Destinadas esencialmente a cubrir el intercambio financiero y de
bienes entre la Argentina y Gran Bretaña. Estados Unidos, que enfrenta una política
discriminatoria en lo que se relaciona con la disponibilidad de divisas, encuentra en esta barrera
un estímulo para atraer empresas al país.

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